jueves, 3 de septiembre de 2026

Nada especial




Hay días que llegan sin anunciarse. 

Hoy fue uno de ellos. 

Sin planes, sin demasiadas ganas de nada. 

Preparé café, puse música y me quedé largo rato sentada, escuchando. 

No ocurrió nada especial. 

Quizá por eso lo recuerdo. 

Llevaba tiempo que un momento tan sencillo no me hacía sentir tan bien.

Recién descubrí esta curiosa canción 
¿La conoces?.



miércoles, 12 de agosto de 2026

Contradicción




Ha pasado un tiempo.
Casi no se ve la herida. El dolor se volvió recuerdo y los poquísimos que saben parecen tranquilos cuando me miran.
—¿Ya estás bien?
Y sí, lo estoy.
Mi corazón tiene quien lo vigile. Hay algo dentro de mí que trabaja en silencio para mantenerme aquí.
Pero yo todavía me siento un poco perdida.
Algunas mañanas permanezco quieta unos minutos antes de levantarme. Escucho mi propio cuerpo.
Uno, dos, tres latidos.
Sigo aquí.
La casa es la misma. Mis cosas están en su sitio. La vida continúa con esa extraña normalidad que tienen los días después de algo que pudo haberlo cambiado todo.
Y sin embargo, hay una distancia pequeña, casi invisible, entre aquella mujer y yo.
La reconozco.
Sé que soy ella.
Solo que todavía no sé cómo volver a sentirme dentro de su piel.
Así que respiro y sigo.
Sin apresurarme.
Quizá el cuerpo ya aprendió que está a salvo y a mí me tome un poco más de tiempo aprender lo mismo.
Por ahora, sigo aquí.
Y quizá eso sea suficiente.



domingo, 2 de agosto de 2026

Las pequeñas cosas

Cerré los ojos; y por primera vez, no me cuestioné. Solo escuché. 

Fue apenas un susurro. Una certeza tan leve que, de no haber guardado tanto silencio en los últimos meses, quizá habría pasado inadvertida. 

Sentí a la confianza serena dentro de mí, observando, mientras yo aprendía a atravesar la tormenta. 

No dijo una sola palabra; y aun así entendí que todo estaba bien. 

Entonces sonreí. 

No porque el camino hubiese terminado, fue porque dejé de mirarlo con desconfianza. 

Sin promesas, solo dando el siguiente paso.

Y por un instante, las dos respiramos al mismo ritmo. 




domingo, 26 de julio de 2026

Una nueva forma de latir

 


Tengo miedo. 

Lo digo en voz baja, casi como un susurro, como si nombrarlo pudiera hacerlo más grande. Me siento mejor, sí. Respiro mejor, sí. Mi cuerpo empieza a responder, sí. Pero el corazón no solo guarda latidos, también conserva recuerdos. 

A veces me descubro preguntándome; ¿y si falla?; ¿y si mi cuerpo lo rechaza?; ¿y si me permito volver a confiar y todo se rompe otra vez? 

El cardiólogo me dijo al despedirse. — Es normal tener miedo. No pasa nada. 

Quise creerle. Y en el fondo, sé que tiene razón. Pero el miedo no entiende de explicaciones. Habita, silencioso, ese rincón donde las noches se hacen largas y las preguntas no encuentran respuesta.

Supongo que aprender a vivir también es esto, caminar con miedo, sin dejar que el miedo sea quien marque el paso. 

No sé cuánto tardaré en volver a sentirme completamente segura. 

Solo sé que hoy, aunque me tiemblen las certezas, sigo aquí. 

Y quizá, por ahora, eso sea suficiente.

Quizás, el algún momento, vuelvan las tardes de café, los tés compartidos y las películas en el mullido sofá. No porque el miedo haya desaparecido, sino porque la vida, poco a poco, habrá vuelto a abrirse camino.





domingo, 12 de julio de 2026

Sucedieron cosas


Recordé aquel pajarillo que llegó a casa herido, huyendo de un gato negro. Encontró refugio en el jardín y pasó una temporada recuperándose, mientras Sarai y yo lo vigilábamos de lejos, procurando no asustarlo, luego ella se convirtió en su veterinaria.

Cuando estuvo listo, se marchó. Sin embargo, una pequeña marca en una de sus alas lo volvió inconfundible.

Desde entonces regresa todos los días. Si encuentra a otro de su especie en el jardín, lo ahuyenta con una determinación que, en ocasiones, llega a ser violenta. 

Más de una vez he tenido que intervenir para evitar que lastime a algún intruso. Al parecer, el jardín también se convirtió en su hogar y ahora lo defiende como tal.

Esta mañana ocurrió algo parecido. Otro pajarillo de la misma especie entró por la puerta principal y terminó refugiándose en la cochera.

Entre Gurrimino, Max, el pequeño guardián alado y su inesperado visitante. Llegaron con miradas desconfiadas, se instalaron; y terminaron ocupando un lugar en mi corazón.

Sí, definitivamente, la familia sigue creciendo.








¡Acompáñanos!

Té, café, piñada o lo que apetezcas, en la mesita de arrime, también galletitas con trocitos de chocolate.


lunes, 29 de junio de 2026

Hay amores que no vencen a la oscuridad, solo aprenden a brillar dentro de ella






La oscuridad de la ciudad no ocultaba del todo los rastros de sangre que, al igual que la lluvia se escurrían por el alcantarillado.

Encendí un cigarro mientras caminaba entre callejones solitarios, las luces de neón parecían deslizarse por los charcos. Me ajusté el abrigo, el frío llegaba hasta los huesos, mientras, el cigarro hacía esfuerzos por mantenerse encendido bajo la lluvia.

Trabajaba sirviendo tragos en un bar del puerto, no hacía preguntas, ni me cuestionaba nada, sobrevivir era suficiente para mí. En ese lugar aprendí a reconocer el miedo por la forma en que alguien sostenía un vaso, sin importar lo bien vestido que estuviera, el poder se mantiene ensuciándose las manos.

Entonces apareció ella. 

Entró empapada, con un abrigo oscuro, cuello alto enmarcando su rostro angelical y una mirada rapaz, capaz de atravesarme por completo y buscar lo más oculto de mis pensamientos para exponerlos sin inmutarse. 

Regresaba cada noche; yo la observaba con fascinación; y entre vasos vacíos, olor a podredumbre y canciones desafinadas nos fuimos acercando. Bastaba rozar sus dedos al servirle un whisky para aliviar el frío. 

No nos prometimos nada, sabíamos que las promesas duraban menos que un amanecer sombrío.

Descubrí demasiado tarde que investigaba una red donde policías, empresarios y mafiosos compartían la misma mesa. Cuando comenzaron a seguirnos entendí que enamorarse en ese barrio era otra forma de firmar la sentencia de vivir constantemente en el umbral del miedo. 

La noche que intentamos escapar, el puerto olía a sal, a combustible y despedidas. Ella sabía lo que venía, tomó mi rostro entre sus manos y me sostuvo la mirada, quizás fue una despedida, hasta el día de hoy no he logrado descifrarlo. No hubo besos ni promesas; solo nuestras frentes unidas, respirando el mismo miedo. 

Los disparos llegaron antes que el amanecer. 

Desde entonces, vago sin rumbo, pero siempre vuelvo al viejo bar, pido dos whiskies. El mío lo sostengo de la misma forma que se sostiene el miedo; y dejo el otro frente al asiento vacío... 

La mujer dejó la copa de vino en el piso. Había llorado con el último capítulo de su radionovela favorita. Miró el viejo radio y sonrió, derrotada. 

— ¿Diecisiete meses escuchándote para esto?, juro que no lo volveré a hacer... 

Guardó silencio unos segundos; y rompiendo su promesa, murmuró.

— Nos vemos la próxima semana... A ver con qué me sales ahora.









Intriga en la gran ciudad, está semana custodiada por Neogeminis




sábado, 20 de junio de 2026

Monólogo del vestido rojo



Era momento de estrenar ese vestido rojo de tirantes, con resorte en la parte alta y tan largo que me llegaba a los tobillos. 

¿Incómoda? 

Diría que no, aunque sí me sentía un poco extraña, primero por el color tan vivo, después, por llevar los hombros descubiertos; y para rematar, por el largo del vestido. 

¿Por qué lo compré? 

Ni siquiera fue una compra impulsiva en línea. Fui a la tienda, lo escogí, decidí no probármelo y me lo llevé a casa. 

Ahí permaneció, colgado y paciente, durante nueve largos meses. 

Pero hoy me sentía distinta, de esa forma extraña en la que una sabe que algo tiene que cambiar, aunque sea algo pequeño. 

Y lo hice, me vestí de rojo y salí rumbo a la clínica. 

Al llegar, León estaba en recepción. 

— ¿Cómo estás? ¿Necesitas algo? 
— Todo bien, León, gracias. 

Minutos después se acercó a mi oficina. 

— Maia, te traje café y unas pastisetas. 
— Hmm, gracias, León. 

Más tarde, Contador hizo lo mismo. 
Al rato, la chica de seguridad llamó a mi puerta. 

— ¿Puedo ayudarle? 
— Yo solo... pues, es que... 
— ¿Qué pasa? 
— Le traje unas gomitas. 

Y me entregó una pequeña bolsa de gomitas con chile.  

Luego pasó la chica de recepción y nos quedamos platicando de nada y de todo a la vez. 

Al final del día entendí algo, el vestido rojo no me había hecho más amable, más simpática ni más interesante. 

Pero, por alguna razón, había convertido mi oficina en una estación de servicio comunitario de café, galletas, gomitas y visitas inesperadas. 

Mañana volveré a usar ropa normal, aunque, si desaparecen el café, las pastisetas y las gomitas, tendré que aceptar una verdad incómoda.

El mérito nunca fue mío... Era del vestido.









miércoles, 17 de junio de 2026

Cosas del Destino





Aprendí a esconder mis heridas detrás de máscaras, a manipular antes de ser lastimada y a alejar a quienes intentaban acercarse demasiado. 

Creía que nadie podría tocar aquello que guardaba en lo más profundo de mí. 

Entonces llegaste tú; y sin darte cuenta, derrumbaste cada muro que había construido. 

Tu amor me encontró en el momento justo. Me hizo sentir vista, deseada; y comprendida de una forma que jamás había conocido, el caos que habitaba en mí poco a poco iba perdiendo fuerza. 

Por primera vez no quise huir, no quise controlar, no quise fingir. 

Solo quise quedarme entre tus brazos y permitirme sentir. 

Una noche me encontré frente a Destino, la figura encapuchada que guarda en un inmenso libro todo lo que fue, es y será. 

Busqué mi historia entre sus páginas y encontré muchos errores, muchas cicatrices... hasta llegar al momento en que te conocí. 

Allí la tinta parecía arder. 

No había final, las páginas estaban en blanco. 

— ¿Por qué? -susurré-. 

— Porque las próximas líneas las escribirás con el corazón -respondió Destino-. 

Y entendí que mi destino nunca fue el caos que habitaba en mí, fue este amor que me consume, me transforma y me hace elegirte una y otra vez. 

Mientras Destino guarda la historia del universo, nosotros escribimos la nuestra con cada beso, cada caricia; y cada latido que lleva tu nombre.








Inspirándonos con Sylvia 

viernes, 12 de junio de 2026

La lógica de Zulema


Organizamos una reunión de fin de semana a las afueras de la ciudad, en una cabaña rústica situada en la sierra madre del sur, nuestro equipaje era monumental, seguimos sin aprender a viajar ligero.

Marce empezó desempacando sus ya legendarias madejas de lana roja, no pierde la esperanza de tejer a Ninna una hermosa bufanda, -lleva años intentando con tutoriales de YouTube-, un cuaderno con algunas puntadas que no ha logrado descifrar y su lápiz de correcciones.

Sarita llevó vodka y tinto, naranjas, manzanas, algunas especias; y poco más para preparar Glühwein.

Nos sentamos a la mesa, sin más ganas que solo descansar.

— Aún se siente la ausencia de Laura

— Sí, pero fue ella quien se apartó del grupo

— Debimos insistir

— No puedes forzar lo que no nace

Sorbitos de tinto antes de cambiar de tema


— ¿Has pensado tener hijos, Zule?

— No, nunca, no quiero hijos

— ¿Y tú, Sandy?

— Sí, llevo un año en tratamiento de fertilidad

— ¿Y tú, Cinthia?

— No puedo embarazarme, el médico dice que no existe problema, que me relaje

— Eso mismo me dijo la doctora de fertilidad en mi primera consulta

— Zulema, dijiste que no quieres hijos. ¿Cómo que doctora de fertilidad?

— Hace unos meses vi a una amiga y estaba flaquísima, le pregunté qué estaba haciendo y me habló de una ginecóloga especializada en fertilidad, me pasó su contacto y me dijo que sacara cita para fertilidad, que si pedía consulta ginecológica, me la darían hasta dentro de seis meses

— ¿Y lo hiciste?

— Claro, me dieron cita para un mes después; y esa tarde me llamaron para reagendarla a la semana siguiente. Llegué a consulta y la doctora me preguntó si tenía pareja, novio, esposo, amigo, amante, quedante, consorte o lo que fuera, le dije que no, luego me sacó un catálogo de donantes de bichitos con todo y fotografías

— ¡No manches!

— Sí; y cuando le pregunté si eso no se suponía que era anónimo, me dijo: "Lo es, pero tienes que imaginar cómo sería tu hijo, ponerle rostro", después añadió que todos los donantes pasaron rigurosos controles genéticos y que podía escoger cualquiera

Las carcajadas empezaron a aparecer.

— Me mandó hacer unos estudios. Una semana después, revisó los resultados y me recetó suplementos y vitaminas. Luego volvió al catálogo y me insistió: "Escoge, escoge, no vaya a ser que salgas de aquí; y por tus ganas de tener un hijo termines embarazándote de cualquier chacal que encuentres por el camino".

Estallamos en risas.

—Le dije que sí tenía pareja, pero que estábamos enojados y que aprovecharía esos meses para ponerlo a prueba y ver si era digno de ser padre, me respondió que era una excelente estrategia

—Zule, fuiste con una especialista en fertilidad. ¡FER TI LI DAD!

—Ya lo sé, me quedó clarísimo cuando apareció el catálogo de sementales, pero, siendo justos, la doctora hizo bien su trabajo. Resultó que sí me faltaban varias vitaminas

—¿Y el catálogo? —preguntó, Sarai

Zulema levantó la copa y sonrió.

—Lo guardé, es que debo admitir que el número diecisiete tenía unos ojazos... y trae todos sus datos, quizás hasta podríamos practicar con balas de salva 

Sonoras carcajadas.

El resto de la tarde hablamos de la extraordinaria capacidad de Zulema para terminar en el lugar equivocado; aun así, conseguir exactamente lo que buscaba.








jueves, 4 de junio de 2026

Su mirada



Era una niña que apenas despertaba a la adolescencia. Tenía amigas mayores que yo, una de ellas era Aline, con casi el doble de mi edad. 

Pijamadas, salidas a cenar y tardes en casa formaban parte de nuestras actividades. 

Llevábamos algunos años de amistad, no sé cómo terminó embarazada y casada con mi hermano mayor. 

Aquellos fueron tiempos complicados. 

Después llegaron dos hijas y algunas agresiones que mi hermano recibió, atribuidas a la supuesta "inestabilidad" de ella. 

Luego vino la separación. 

—Maia, cuánto tiempo... ¿sigues con el mismo? 

—¡No! Innombrable quedó en el pasado. 

Su pregunta me estrujó por dentro, era normal, me dije, Aline se había marchado lejos años atrás, aunque fuimos amigas y su ausencia me dolió, hacía mucho que no sabía nada de ella; y ese encuentro en la cafetería fue inesperado y sanador. 

—¿Y las niñas? ¿Cómo están? 

—Hermosas, nos fuimos al norte, con mamá. 

—Entiendo 

Verla fue como tener una postal antigua frente a mí, el mismo corte natural de cabello, pantalón casual, una polo, mocasines, todo en tonos beige y café, muy de ella, cero maquillaje, sin anillos ni collar, sin los detalles sencillos de siempre.

Sin embargo, algo había cambiado, su mirada tenía una serenidad que antes no recordaba. 

—Maia, me casé... 

Lo dijo inclinándose hacia adelante. Me observó con atención, como si buscara una respuesta antes de expresar lo verdaderamente importante.

—¿Eres feliz? 

—Maia, me casé con una mujer 

Sostuvo mi mirada 

Firme 

Penetrante 

—¿Eres feliz?, -me escuché repetir-

Entonces se relajó y volvió a recostarse en la silla. 

—Inmensamente 

Sonreí 

Sonrió 

Y la tarde siguió su curso; ya no había nada que decir, su felicidad llenaba todos los silencios.



¡Acompáñame!
Té, Café; y pastel de chocolate extra, con extra chocolate -una locura- con, Aline, en sus dos años de matrimonio.





Diversidad sexual y de género con, Dafne 

viernes, 29 de mayo de 2026

A fuego lento



El batidor danés, cansado y satisfecho, quedó apoyado junto al cuenco vacío, aún conservaba el aroma dulce de la masa recién trabajada. 

El horno, encendido al fondo de la cocina, dejaba escapar un calor lento y envolvente. 

— Siempre la transformas antes de traerla a mí, -dijo el horno con un zumbido grave-. 

— Y tú siempre terminas el hechizo, -respondió el batidor-. 

La luz interior iluminó el pan creciendo despacio, dorándose con paciencia bajo aquella caricia ardiente. 

El cristal comenzó a empañarse; y la cocina entera olía a mantequilla, levadura y deseo contenido. 

El batidor observó en silencio. 

— Lo reconozco… me gusta cómo la haces temblar. 

El horno dejó escapar un chasquido suave, orgulloso. 

— Porque tú la preparas para el calor… pero conmigo aprende a entregarse.



¡Acompáñame!
Té, Café, pan y galletitas en la mesita de arrime.











Oido cocina, propuesta de, Tracy 

martes, 19 de mayo de 2026

El margen de su ausencia





Música cortesía de, DUICE

Adoro contemplarlo dormido. Algo en mí se aquieta y a la vez se desordena cuando lo veo así, inerme, suspendido en esa entrega carente de testigos, donde todo en él deja de responderme; y aun así lo siento más cerca que nunca.

Porque no es paz lo que me provoca, es una atención extraña, casi culpable, como si mi mirada aprendiera a quedarse más tiempo de lo debido en lo que no le pertenece.

Porque mientras duerme, su mundo se le apaga; y yo me descubro habitando ese margen donde la conciencia está ausente; y su vulnerabilidad me toca más hondo que cualquier gesto despierto.

Y en ese filo silencioso reconozco lo que no sé nombrar sin romperlo.








Acompañando: Tu ausencia, propuesta de, Campirela




viernes, 15 de mayo de 2026

Donde está tu corazón




— ¿Qué quieres hacer?
— No sé qué hacer, Marcos
— Escucha a tu corazón, Maia

Un par de días después leí una frase que me dejó pensando... "Si quieres saber dónde está tu corazón, mira a dónde tu mente se va cuando se pasea", Walt Whitman.

— Recuerdo vagamente un lugar al que fui con mi numerosa familiar, lo pasamos bien, una de las ventajas de tener una gran familia, los primos salen de debajo de las piedras; y siendo niño te diviertes a raudales.

— Quiero llevarte pero necesito un poco de orientación, Maia.

— A las afueras de la ciudad y pasando la presa, nos adentramos en un camino estrecho de terracería, a los costados y delimitándolo veía árboles grandes y frondosos, un paisaje totalmente distinto a lo árido de la ciudad, de clima fresco, sin ser frío, llegamos a un poblado con casas de poca construcción y gran terreno asentadas a la verita del río, sus cocinas eran enormes, con muebles de piedra y cemento, un fogón de fuego potente y ductos que llegaban al techo y sacaban el humo como si fueran chimeneas, afuera y al frente un horno de leña, cerca una pequeña lancha colorida volteada hacia abajo. 

Los hombres pescaban, cobraban y resolvían dudas de los comensales, también traían las cervezas si es lo que pedías, las mujeres cocinaban, no tenían contacto con los clientes, si preguntabas algo, un hombre salía devetúasaberdedónde y se ponía delante para responderte. No lo sé, no tengo gran información, fue hace tiempo, quizás el lugar ya no existe, quizás se modernizó,  quizás solo lo idealicé

— Ya lo ubico, niña, "La presa"; y el lugar sigue -casi- intacto, se han organizando y poco más, allí -casi- nada cambia, fui de niño; ya de adulto volví un par de veces, más que nada por la nostalgia.

Nos decidimos a ir, parte del camino era atropellado, casi igual al pasaje de mi memoria, tan rústico que sentías que te sacaba hasta el alma.

Ya no atendían en las casas, ahora había un gran restaurante propiedad de los lugareños, -de todos-. Ocupamos una mesita con vista al río y su aroma característico, hacia abajo una extensión libre de construcción, árboles altos y frondosos dando cobijo a los paseantes, piedritas redondas señalando los caminos. 

Dejé la mesa y bajé la pendiente, me senté a la sombra del viejo árbol, cogí un puñado de piedritas y empecé a jugar con ellas, por un momento volvieron las risas de primos y hermanos, la voz insistente de mi madre que nos llamaba a la prudencia, por un breve momento volví a ser la niña al cuidado de mamá.

Y del pueblito pintoresco, de fonditas improvisadas en las cocinas vecinales de comida riquísima, de primos arropandose del sol bajo un enorme árbol, las carreras hacia el río, las charlas sin sentido y el dormitar agotados en el retorno a casa solo queda el recuerdo, ese recuerdo que anida en el corazón y quiere volver por siempre a donde fue feliz...


Té, Café y galletitas en la mesita de arrime 
¡Acompáñame!.








Acompañando la propuesta de, Neogeminis





sábado, 18 de abril de 2026

Max



Finales de marzo
— Maia, nos mudaremos 
— ¿Qué ha pasado, Haidé?
— Problemas con el banco y la hipoteca 
— Entiendo; y, Max
— Si, bueno, él..., sí, ajá 

Regresé después de días internada, encontré en casa a, Max, el cachorro de los, Orozco

— Maia, hace días venía a casa y, Max me alcanzó, estaba sucio y hambriento, lo llevé al vet, lo revisó, lo bañó y ha estado aquí desde entonces, fuí con tu amiga y la casa parece sola 
— Gracias , Mariana, me dijo que se mudarían, pero no que botarían a, Max, intentaré localizarla 
— ¿Crees que es buena idea?, digo, lo abandonaron, se puede quedar conmigo en el albergue
— Quizás se escapó y lo están buscando 
— Maia, no traía collar 

Esa tarde con, Haidé

— Tu cachorro está en mi casa
— Ajá 
— ¿Y entonces?
— Maia, la casa ya no es mía, solo quedaron algunos muebles, cosas inservibles, basura, habla con el vecino, el doctor, él la compró
— ¿Max?
— Max también, Maia
— !Bien!; yo me hago cargo
— Max estará mejor con, Gurrumino, ¿cuándo nos vemos?
— No, mejor no
— Maia, ¿tanto escándalo por un perro?



Retomamos...

Té, Café y Limonada, en la mesita de arrime, ¡Acompáñame!




Para, Dafne Sinedie, en su dinámica 

viernes, 3 de abril de 2026

Las siete cazuelas




De pequeña, en el seno familiar existió una tradición arraigada, podrían cambiar u olvidarse otras, la tradición de las siete cazuelas no.

Mi hogar era diferente al resto, mientras en otros lados las madres se quedan en casa a cuidar de sus hijos, mi madre trabajaba jornadas largas e intermitentes en el negocio familiar 24/7, "ayudaba" que fuera propio, así podía organizarse, preparar comida y lo necesario para el buen funcionamiento del hogar. 

Aún así, se daba el tiempo para la Cuaresma, porque la cocina mexicana no son solo recetas, son historias que se entretejen de madres a hijas; y mi madre pensaba que eran las tradiciones que había que conservar.

En aquellos tiempos no entendía por qué nos esforzábamos tanto en preparar tanta comida, al ir creciendo entendí que las siete cazuelas no eran solo comida, representaban, -según mi madre-, los siete pecados capitales, las siete visitas a templos, las siete caídas de, Jesús; y algo más  importante, que siempre hay comida suficiente para compartir.

Era el único momento que nos sentabamos todos juntos como familia, familia extendida y agregados; y era obligación comer todos los platillos en orden, si saltabas algunos no llegarías a la capirotada y las torrejas, así era la tradición.

Sopa de lentejas / Nopalitos en salsa roja /
Tortitas de camarón, Pipian y papitas cambray / Chiles rellenos de queso o atún / Filete de pescado empanizado y Arroz blanco / Capirotada / Torrejas con miel de maple artesanal o melaza. Acompañando agua de sangre de Cristo o lágrimas de virgen.

Extraño aquellos tiempos de prepación, cocinar junto a mi madre y hermanas en sus ollas de barro, sonriente, bromista, sacarse ese velo de sobriedad autoimpuesto y disfrutar esos momentos alrededor del fogón era una delicia.







domingo, 29 de marzo de 2026

Cuando de noche todo se confunde



3:45 am
Se escucharon pasos que, a fuerza de repetirse ya se sienten conocidos, es una silueta quizás de piel oscura porque no se distingue su rostro con la poca luz que emite la bombilla nocturna, lleva uniforme blanco, calzado de goma y su característico chirrido, en cada paso va refunfuñando, llegó a vaciar el contenido del cesto haciendo mucho ruido -o quizás así se siente entremedio del silencio-; y se marchó cerrando tras de sí la puerta, una puerta que permanece abierta.

Me incorporé lentamente buscando algo para cubrirme del frío, indecisa de dejar la cama, no tengo explicación a esta intrusión que se sucede cada noche. Busqué a la distancia tratando de interpretar si el sonido regresaría.

— Tranquila, niña; yo te cuido
— ¿Cómo me encontraste?
— Porque escucho cuando me hablas 

Encendí la linterna del móvil, lo ví en el reposet, con el respaldo semi inclinado, piernas arriba, su largo cuerpo echado...  tan cómodo. Abrió sus brazos hacia mí, cogí el tripié y me acurruqué a su lado.

— Te la dejaron en un mensajito, te lo pondré para que te arrulle...

Gracias



miércoles, 25 de marzo de 2026

Tiradito de todo




— Me trataron mal en la joyería, me trataron mal en el restaurante, me trataron mal en el Dreams de Cancún; y en otros -muchos- lados, mencionó, Sarai
— Me ha pasado, algunas veces en mi larga muy larga vida de treinta y cinco años, también me trataron mal, dijo, Cinthia 
— No recuerdo que me hayan tratado mal, pero no sé, lo que sí, es que dejada no soy, pero no recuerdo, comentó, Sarita
— Que no se les ocurra tratarme mal, pero alguna vez en mi adolescencia, quizás, habló, Marce
— No, nunca, o sea, fuera de, Innombrable, que me hizo ver mi suerte, jamás en restaurantes, hoteles o cualquier lugar, al contrario, siempre he recibido un muy buen trato, donde me pare me saludan, donde me siente se acercan, me sonríen, me cuentan de sus vidas, todo, no, las personas son amables, no sé por qué pero no he tenido una mala experiencia 
— Maia, eso es porque eres blanca, no, rubia, tú lo tienes fácil, aunque se diga que no, México es racista, clasista, es evidente que no recibirás mal trato, al contrario, las puertas se te abren, la ayuda se te brinda aún sin pedirla, nos quedamos con el legado de los barbados; y seguirá 
— Seguiré pensando que la gente es amable 

Armé el maletín con lo mínimo necesario, productos de higiene, sandalias, ropa de cama, solo un cambio y uno de calle oversize, dos botellas de agua de 1,5 litros cada una y poco más; y estuve puntual a las 5:40 am en la puerta, estaba oscuro y la fila para entrar era lenta, había manejado horas esquivando el tráfico loco de tráilers, camiones y automovilistas imprudentes para llegar hasta ahí; seguía acelerada, aún no terminaba de bajar mi ritmo.

Llegó mi turno, estaba preparada para abrir el maletín, el bolso; y mostrar lo que guardaba en los bolsos de mi holgada ropa. La mujer policía me preguntó qué llevaba en el maletín.

— Productos de higiene, un cambio, agua, poco más, ¿quiere que lo abra?
— No, pase con mi compañero 

Me acerqué al policía y esperé alguna indicación 

— ¿Viene a cirugía?, asentí sin deseo de dar una explicación, pase, le deseo que todo salga bien y en unos días verla salir caminando por esta misma puerta 
— Gracias 

Pasos más adelante me detuve tratando de revisar por última vez la papelería, no quería tener que devolverme al auto por un olvido, observé que detrás venía un grupo de unas cuatro mujeres que detuvieron a revisión, les pidieron abrir sus maletines y sacar lo que pudieran traer guardado en su ropa, ellas se enfadaron y empezaron a quejarse e insultar, algunos gritos escuché, los policías, la mujer policial se puso dura y les hizo sacar todo y tirar comida, dulces, café, ellas se quejaron de, por qué a mí no me revisaron y a ellas sí, me alejé centrada en lo mío.

— Solo tengo habitación compartida
— Sin problema 
— Habitación 317, en un momento viene el camillero por ti
— Puedo caminar 
— Sí, pero no debes, me encogí de hombros 

Ya instalada, mi compañera de habitación con cuatro semanas ahí, sus hijas -las mismas de la puerta-.

— Te vi en la puerta, ¿por qué a ti no te revisaron?
— Por qué no traía nada prohibido 
— Pero ellos no lo sabían 
—  Ustedes se delataron solitas, lenguaje corporal, amiga
— Ah, bueno, es posible, ¿puedes ayudarnos con eso?
— ¡Seguro!

Luego la enfermera...
— Maia, necesitamos un medicamento que no ha llegado desde hace un mes, es costoso pero necesario 
— ¿Para cuándo?
— Para ya, es administrarlo cada doce horas, es de prescripción 
— ¿Y la receta puede ser de aquí?
— No, si no hay en existencia el sistema no deja
— Ahora veo de conseguirlo 

Se acercó una de las hijas de mi compañera de habitación, llevaba en sus manos una caja con cinco ámpulas 

— Usa ésta, tengo cuatro cajas más, pero no retrases tu tratamiento 

Horas después había conseguido tres cajas, le repuse la suya y aquí seguimos 

Y sigo pensando que no importa el color de piel o lo que tienes, las personas responden cuando les muestras respeto.

Prometo café, té; y lo demás para otro momento, hoy estoy convaleciente.



No estoy sola cuando estoy sola... 
Lo dijo alguien.





sábado, 21 de marzo de 2026

Territorial




Desde hace semanas los pajarillos ya no se acercan a comer o beber; yo sigo igual, poniendo agua y comida en sus cuencos.

Esta mañana, a punto de ducharme escuché sonidos extraños, era tal la insistencia que me preocupé pensando en quizás el boiler de paso, quizás el gas, me envolví en la toalla y bajé curiosa y temerosa.

Fui siguiendo el sonido de lo que se había convertido en pequeños quejidos. En el jardín había una tortolita masacrado a otra, salí corriendo y manoteando, — No, vete, vete, le decía, el pajarillo volaba hasta el borde de la barda y se venía en picada, insistía en terminar con el pobre pajarito. Lo creí muerto, levanté la vista y el pajarillo criminal estaba esperando. 

En ese momento llegó la señora de la limpieza, me acerqué a la puerta para hablarle y en un instante ya estaba el pajarillo picoteando al otro, lo quisimos espantar con agua y no se iba, estaba allí, esperando su oportunidad, la señora se puso guantes y quiso revisarlo y el pajarito se levantó, corrió e intentó volar sin lograrlo, a punto de caer a la alberca y la señora lo alcanzó de la colita, le acerqué una caja y allí lo guardó, el otro seguía vigilante desde las alturas.

Ella ama a los animalitos y quedó de llevárselo al veterinario -nunca recordé a, Sarai-, así lo hizo; ya en la tarde me llamó y me dijo que el pajarito se había recuperado, que no quería comer ni beber, que solo buscaba la forma de escapar y así lo hizo, lo dejó libre y se perdió entre tantos.

Yo salí al jardín a revisar los cuencos y vi al pajarillo; y entendí por qué era tan territorial. Ahora tengo una familia de cuatro integrantes acampando en la barda del patio.





¿Me acompañas?

Mecedoras en el jardín, vinito, café, té y limonada en la mesita ratona.





martes, 17 de marzo de 2026

Padre




Padre...

Ha pasado tiempo desde su partida; ya ha dejado de importar lo que no fue...

Pudo estar más tiempo entre nosotros, pero el dolor por la ausencia de su madre se impuso y se dejó vencer

Y es por usted que intento convencerme que hay vida más allá de esta vida; y que en ella me espera usted... porque necesito creer que pronto lo volveré a ver.

Y es que aún conservo en mi pecho ese abrazo que por vergüenza no llegó a usted. Prometo que esta vez, -si tengo la oportunidad- dejaré de lado los patrones de crianza y lo abrazaré tan fuerte, por todas esas veces que lo quise hacer.

Desde su partida, Padre mío, mi pecho no ha dejado de doler; ya solo me queda el deseo infinito de quizás un después...

Maia



Para, Tracy, en su dinámica 




lunes, 16 de marzo de 2026

No son horas...



Es la una de la madrugada; y algo más, aquí estoy, con mi estómago sensible después de ingerido un alimento base sin buenos resultados; y haciendo cuenta regresiva que, en cuatro horas tengo la cita médica, la primera de tres de cada mes.

"Pareces una ancianita", -me dijo-; y es que, con tanto medicamento así me siento, ¿a quién culpar?, si solo fue una indicación que mal entendió mi cuerpo, más concretamente mi corazón.

Las dos y treinta, sigo sin poder dormir, ¿si en este momento me ducho contará como limpieza del día?, tres con veinte y estoy lista para mi cita, de fondo:
"Most people looked at him with terror and with fear 
But to Moscow chicks he was such a lovely dear 
He could preach the Bible like a preacher 
Full of ecstasy and fire 
But he also was the kind of teacher 
Women would desire"
Bajo al jardín y empiezo a regar las plantas, recuerdo que tengo una más en la cochera, ahí está, solita y olvidada. Le pongo agua y veo una mesa de metal que solo estorba, abro la puerta que da a la calle, solo dejo cerrada la puerta reja, la mesa es pesada, quiero sacarla e intento levantarla sin éxito, debería estar durmiendo -me digo-, la arrastró y hace un chirrido espeluznante que eriza la piel.

En ese momento caminaba un hombre solitario por la calle oscura, escuchó el chirrido, soltó un gritó estremecedor y salió corriendo y diciendo, "No me lleves, no me lleves, no lo vuelvo a hacer"...

Jooo, volveré a la cama...



Té, café, limonada y manteca das en la mesita de arrime, ¿me acompañas?.