Aprendí a esconder mis heridas detrás de máscaras, a manipular antes de ser lastimada y a alejar a quienes intentaban acercarse demasiado.
Creía que nadie podría tocar aquello que guardaba en lo más profundo de mí.
Entonces llegaste tú; y sin darte cuenta, derrumbaste cada muro que había construido.
Tu amor me encontró en el momento justo. Me hizo sentir vista, deseada; y comprendida de una forma que jamás había conocido, el caos que habitaba en mí poco a poco iba perdiendo fuerza.
Por primera vez no quise huir, no quise controlar, no quise fingir.
Solo quise quedarme entre tus brazos y permitirme sentir.
Una noche me encontré frente a Destino, la figura encapuchada que guarda en un inmenso libro todo lo que fue, es y será.
Busqué mi historia entre sus páginas y encontré muchos errores, muchas cicatrices... hasta llegar al momento en que te conocí.
Allí la tinta parecía arder.
No había final, las páginas estaban en blanco.
— ¿Por qué? -susurré-.
— Porque las próximas líneas las escribirás con el corazón -respondió Destino-.
Y entendí que mi destino nunca fue el caos que habitaba en mí, fue este amor que me consume, me transforma y me hace elegirte una y otra vez.
Mientras Destino guarda la historia del universo, nosotros escribimos la nuestra con cada beso, cada caricia; y cada latido que lleva tu nombre.
Inspirándonos con Sylvia
No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Susúrrame al oído, que mi corazón te escucha.