viernes, 12 de junio de 2026

La lógica de Zulema


Organizamos una reunión de fin de semana a las afueras de la ciudad, en una cabaña rústica situada en la sierra madre del sur, nuestro equipaje era monumental, seguimos sin aprender a viajar ligero.

Marce empezó desempacando sus ya legendarias madejas de lana roja, no pierde la esperanza de tejer a Ninna una hermosa bufanda, -lleva años intentando con tutoriales de YouTube-, un cuaderno con algunas puntadas que no ha logrado descifrar y su lápiz de correcciones.

Sarita llevó vodka y tinto, naranjas, manzanas, algunas especias; y poco más para preparar Glühwein.

Nos sentamos a la mesa, sin más ganas que solo descansar.

— Aún se siente la ausencia de Laura

— Sí, pero fue ella quien se apartó del grupo

— Debimos insistir

— No puedes forzar lo que no nace

Sorbitos de tinto antes de cambiar de tema


— ¿Has pensado tener hijos, Zule?

— No, nunca, no quiero hijos

— ¿Y tú, Sandy?

— Sí, llevo un año en tratamiento de fertilidad

— ¿Y tú, Cinthia?

— No puedo embarazarme, el médico dice que no existe problema, que me relaje

— Eso mismo me dijo la doctora de fertilidad en mi primera consulta

— Zulema, dijiste que no quieres hijos. ¿Cómo que doctora de fertilidad?

— Hace unos meses vi a una amiga y estaba flaquísima, le pregunté qué estaba haciendo y me habló de una ginecóloga especializada en fertilidad, me pasó su contacto y me dijo que sacara cita para fertilidad, que si pedía consulta ginecológica, me la darían hasta dentro de seis meses

— ¿Y lo hiciste?

— Claro, me dieron cita para un mes después; y esa tarde me llamaron para reagendarla a la semana siguiente. Llegué a consulta y la doctora me preguntó si tenía pareja, novio, esposo, amigo, amante, quedante, consorte o lo que fuera, le dije que no, luego me sacó un catálogo de donantes de bichitos con todo y fotografías

— ¡No manches!

— Sí; y cuando le pregunté si eso no se suponía que era anónimo, me dijo: "Lo es, pero tienes que imaginar cómo sería tu hijo, ponerle rostro", después añadió que todos los donantes pasaron rigurosos controles genéticos y que podía escoger cualquiera

Las carcajadas empezaron a aparecer.

— Me mandó hacer unos estudios. Una semana después, revisó los resultados y me recetó suplementos y vitaminas. Luego volvió al catálogo y me insistió: "Escoge, escoge, no vaya a ser que salgas de aquí; y por tus ganas de tener un hijo termines embarazándote de cualquier chacal que encuentres por el camino".

Estallamos en risas.

—Le dije que sí tenía pareja, pero que estábamos enojados y que aprovecharía esos meses para ponerlo a prueba y ver si era digno de ser padre, me respondió que era una excelente estrategia

—Zule, fuiste con una especialista en fertilidad. ¡FER TI LI DAD!

—Ya lo sé, me quedó clarísimo cuando apareció el catálogo de sementales, pero, siendo justos, la doctora hizo bien su trabajo. Resultó que sí me faltaban varias vitaminas

—¿Y el catálogo? —preguntó, Sarai

Zulema levantó la copa y sonrió.

—Lo guardé, es que debo admitir que el número diecisiete tenía unos ojazos... y trae todos sus datos, quizás hasta podríamos practicar con balas de salva 

Sonoras carcajadas.

El resto de la tarde hablamos de la extraordinaria capacidad de Zulema para terminar en el lugar equivocado; aun así, conseguir exactamente lo que buscaba.








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