Música cortesía de, DUICE
Adoro contemplarlo dormido. Algo en mí se aquieta y a la vez se desordena cuando lo veo así, inerme, suspendido en esa entrega carente de testigos, donde todo en él deja de responderme; y aun así lo siento más cerca que nunca.
Porque no es paz lo que me provoca, es una atención extraña, casi culpable, como si mi mirada aprendiera a quedarse más tiempo de lo debido en lo que no le pertenece.
Porque mientras duerme, su mundo se le apaga; y yo me descubro habitando ese margen donde la conciencia está ausente; y su vulnerabilidad me toca más hondo que cualquier gesto despierto.
Y en ese filo silencioso reconozco lo que no sé nombrar sin romperlo.
Acompañando: Tu ausencia, propuesta de, Campirela