El batidor danés, cansado y satisfecho, quedó apoyado junto al cuenco vacío, aún conservaba el aroma dulce de la masa recién trabajada.
El horno, encendido al fondo de la cocina, dejaba escapar un calor lento y envolvente.
— Siempre la transformas antes de traerla a mí, -dijo el horno con un zumbido grave-.
— Y tú siempre terminas el hechizo, -respondió el batidor-.
La luz interior iluminó el pan creciendo despacio, dorándose con paciencia bajo aquella caricia ardiente.
El cristal comenzó a empañarse; y la cocina entera olía a mantequilla, levadura y deseo contenido.
El batidor observó en silencio.
— Lo reconozco… me gusta cómo la haces temblar.
El horno dejó escapar un chasquido suave, orgulloso.
— Porque tú la preparas para el calor… pero conmigo aprende a entregarse.
¡Acompáñame!
Té, Café, pan y galletitas en la mesita de arrime.
Oido cocina, propuesta de, Tracy