Hacía fila en el súper, veía delante y exhalaba con resignación, muchas personas antes de mí; yo la última, veía hacia ambos lados intentando cazar una caja más fluida, o con menos gente, nada, todas estaban igual o peor.
Se colocaron detrás mío, ¿extranjeros?, por qué diantres les llamo así si cuando arriban al país se vuelven parte nuestra; y así se les trata, ¿Españoles?, quizás, a primera instancia pero el acento me confunde.
Casi llegando a cobro, tuve la intención de dejarlos pasar, ellos solo traían un par de cosas y yo había hecho el súper, en ese momento el chico se inclinó en el botadero de chocolates varios venidos de Estados Unidos; y adoptó una posición como quien espera recibir el golpe -en cuclillas y brazos elevados como cubriendo el cuerpo-, — Tomame una, aquí, justo aquí, ponele en retrato, ¿la tenés?, — sí, la tengo, — ¿en retrato?, vuelve a preguntar, mandala, mandala; yo lo veía de lado, parece emocionado, -me decía-, quizás es su primera vez en el país, -me repetía-, tanta gente alrededor, tanto susurro y yo escuchando claramente sus voces, solo a ellos, quizás su timbre es alto, -me volvía a repetir-, sí, definitivamente, les adelantaré el pase.
Se dejó sentir un ruido estremecedor, como de una explosión, dos o tres cajas al lado derecho, cierto pánico en las voces, todos prestos a auxiliar si era necesario, ellos sacando la nota, — ¿lo tenés?, — ¡sí!, — ¡subilo, subilo!, — ¡ya lo hice!, oh, fulanita me lo acaba de repostear, — ¿ya?, — pasame, pasame... y mientras, el resto seguíamos preocupados por saber qué había sucedido; y a quién; y si estaban bien o requerían ayuda, era tal el caos que seguridad pasó informando, — ¡Todo bien!, solo explotó un refresco al caerse, nuevamente la exhalación intentando volver la calma, — ¡sos pelotudos de mier...!, no entendés que no debés tomar refresco, con el daño que hacé, seguis así y así os irá, pero mirá cuántas golosinas, vamos a ganar mucha plata en este país, -podés, querés, tomás, tenés-, sí, definitivamente... ¡son argentinos!, pero en parte de se conversación se reconocían españoles...
La intención de cederles el pase o ser amable se esfumó en mí, como en otros tantos que los escucharon. Y es que, te recibimos como amigo, de ti depende que el trato se conserve o te vuelvas un extraño.
Té, café, limonada y galletitas de mantequilla en la mesita de arrime, ! Acompáñame!.
Leída con interés y cariño la crónica de un estallido anunciado, me quedo con tu invitación a acompañarte... Del resto de ofrecimientos ya voy servido a estas horas.
ResponderBorrarAdemás, el ¡Acompáñeme! me recuerda al título de una antigua canción... :)))))
Abrazos, Maia.
Nunca la intención de ofensa o agresión, Ernesto, los chicos son muy jovencitos; ya tendrán tiempo de descubrir que México no es lo que se cuenta, aquí se vive la calidez y amistad.
BorrarBonito día, amigo
Precioso día, amiga! Ya se abren claros entre las nubes!
ResponderBorrarY el programa del día, quitando alguna cita programada, ¡ver venir!
Chao, Maia.
Era argentino, supongo,
ResponderBorrarcuestión de educación,
y menos con una mujer,
café y galletas....sin la
mantequilla.