sábado, 7 de febrero de 2026

Esos días locos que de repente...



Mensajes de WhatsApp:

— Te perdiste
— Poquito, el restaurante me absorbe, lo siento, niña
— ¡Te extrañé!
— ¡Wow wow!, espera, cariño, ¿escuché bien?, repítelo por favor 
— No, o sea, si pero no, mmm, me lías 
— ¿Y cuánto dices que me extrañaste?
— No mucho
— Joo, tan bien que íbamos oye, ¿salimos esta noche?, ¿qué se te antoja?
— Hay un barecito, karaoke, antro, no sé, no lo he investigando, está sobre el boulevard, frente a los gemelos, luces rojas y buena música, he pasado un par de veces
— Pues ya está, 21:00 en tu casa

Llegamos al bar, buena música, luces suaves, mucha gente, buen ambiente.

— Adelante, hermosa, pasa, guapo, a la izquierda tenemos una mesa, sigan, sigan, hagan su ambiente 

Tomó la orden y se perdió entre las luces rojizas. Mesas por todos lados, ocupadas en su totalidad, en una de ellas un par de chicas, ella de piel blanca y cabello afro, muy afro; y yo pensando qué tanto se haría para llegar a ese nivel de complejidad en su melena, su compañera punk, pelitos de pie y en punta, la segunda mesa la ocupaban un par de hombres, uno mayor, él traía su propia fiesta, micrófono en mano y cantando a pulmón, 
  • "que te quise demasiado / y que nadie te ha querido como yo/ así es la vida / de caprichosa / a veces negra / a veces color rosa / así es la vida / jacarandosa / te quita / te pone / te sube / te baja / y a veces te lo da", 
su compañero más discreto y mirándolo embelesado, ¿embelesado?, una mesa más allá, una mujer con stillettos, vestido rojo ceñido, cuerpo escultural, escote monumental, peinado en ondas salvajes, muy elevado, me recordaba a las maravillas drags, su compañero vistiendo sobrio... quizás un abogado, hacia la pista pares de chicas en distintas mesas, algo tenían ellas; y ese lugar que se sentía diferente, nadie sorprendido o quisquilloso, -quizás solo nosotro-, todos parecían con un fin común, divertirse.

— ¿Por qué no cantas, Maia?, sé que quieres hacerlo, ¿o prefieres ir a otro lugar?
— ¿Lo sabes?, -sonrió, curvo los ojos con esa forma tan única de hacerlo que casi me desarma-, observé el sitio, parecía tan genuino.

Desde el pedestal el barecito no se veía nada pequeño, todos sonreían cuando alguien subía, aplaudiendo, animando, ¡Eso, mamona!, ¡te apoyamos, perriilla!, los pares de chicas que estaban al frente apoyando con toda la energía,, el mesero se acercó a darles micro a todas y empezamos el show.
  • "Quise / mi piel llenarla de tatuajes pa cubrir los besos que dejaste / puedo ocultar la historia que vivimos / pero no puedo borrarte / dicen que el tiempo va a curarlo todo y sé que es mentira / es imposible que pueda olvidar al amor de mi vida / ni tomando como loco / ni con otro amor tampoco..."
Al bajar y señalando con el dedo acusador le advirtieron a él, — ¡Trátala bien!, te estaremos vigilando 

Sí, es lo que estás pensando, habíamos entrado en un barecito LGBTQ+; y estuvo increíble.

Hoy en la mesita de arrime, tamalitos de elote [uchepos, cuiches, chamiles, piques o como les conozcas], acompañados de quesillo y salsa, té, café, limonada, atole de pinole, [maíz tostado con canela y molido, sea en metate o licuadora], ¡Acompáñame!


P.D: "Eso mamona" expresión coloquial mexicana, muy antigua y popularizada en redes sociales, utilizada frecuentemente entre amigos para celebrar con humor una actitud empoderada, presumida, exagerada o "perra" (en el contexto del argot LGBT+). Aunque "mamona" es un insulto (persona molesta, creída o antipática), la frase se usa irónicamente como motivación o elogio a una actitud audaz.




No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Susúrrame al oído, que mi corazón te escucha.