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martes, 10 de febrero de 2026

El abrazo no es eterno




Hacía fila en el súper, veía delante y exhalaba con resignación, muchas personas antes de mí; yo la última, veía hacia ambos lados intentando cazar una caja más fluida, o con menos gente, nada, todas estaban igual o peor.

Se colocaron detrás mío, ¿extranjeros?, por qué diantres les llamo así si cuando arriban al país se vuelven parte nuestra; y así se les trata, ¿Españoles?, quizás, a primera instancia pero el acento me confunde. 

Casi llegando a cobro, tuve la intención de dejarlos pasar, ellos solo traían un par de cosas y yo había hecho el súper, en ese momento el  chico se inclinó en el botadero de chocolates varios venidos de Estados Unidos; y adoptó una posición como quien espera recibir el golpe -en cuclillas y brazos elevados como cubriendo el cuerpo-, — Tomame una, aquí, justo aquí, ponele en retrato, ¿la tenés?, — sí, la tengo, — ¿en retrato?, vuelve a preguntar, mandala, mandala; yo lo veía de lado, parece emocionado, -me decía-, quizás es su primera vez en el país, -me repetía-, tanta gente alrededor, tanto susurro y yo escuchando claramente sus voces, solo a ellos, quizás su timbre es alto, -me volvía a repetir-, sí, definitivamente, les adelantaré el pase.

Se dejó sentir un ruido estremecedor, como de una explosión, dos o tres cajas al lado derecho, cierto pánico en las voces, todos prestos a auxiliar si era necesario, ellos sacando la nota, — ¿lo tenés?, — ¡sí!, — ¡subilo, subilo!, — ¡ya lo hice!, oh, fulanita me lo acaba de repostear, — ¿ya?, — pasame, pasame... y mientras, el resto seguíamos preocupados por saber qué había sucedido; y a quién; y si estaban bien o requerían ayuda, era tal el caos que seguridad pasó informando, — ¡Todo bien!, solo explotó un refresco al caerse, nuevamente la exhalación intentando volver la calma, — ¡sos pelotudos de mier...!, no entendés que no debés tomar refresco, con el daño que hacé, seguis así y así os irá, pero mirá cuántas golosinas, vamos a ganar mucha plata en este país, -podés, querés, tomás, tenés-, sí, definitivamente... ¡son argentinos!, pero en parte de se conversación se reconocían españoles...

La intención de cederles el pase o ser amable se esfumó en mí, como en otros tantos que los escucharon. Y es que, te recibimos como amigo, de ti depende que el trato se conserve o te vuelvas un extraño.

Té, café, limonada y galletitas de mantequilla en la mesita de arrime, ! Acompáñame!.