El día amaneció estupendo, al transcurrir las horas esa aparente armonía se volvió en caos.
En el grupo de WhatsApp de la colonia -que casi nunca abro porque es tedioso leer las quejas de por qué un vecino sale a correr a la placita a las cuatro de la mañana, o cosas por el estilo-, una vecina solicitaba apoyo porque su auto y su casa habían sido vandalizados por huevos lanzados como proyectiles.
La vecina mencionaba que, por la posición del sol en ese momento, en sus cámaras había sido imposible ver quién fue el causante; y solicitó apoyo para saber si alguna de las cámaras vecinas captó algo.
Recordé el caso de la jovencita que al salir de la universidad fue agredida sexualmente un par de meses atrás en el otro lado de la ciudad; y aparentemente ninguna de las cámaras de las casas funcionaba; y quise ser solidaria. Revisé la grabación de ese día y le pasé una copia de ese momento.
Días después me llegó un documento que indica que debido a la reciente modificación a la ley, debo presentarme ante una autoridad; y pagar a la ciudad una altísima multa por invadir la privacidad de las personas; y una cuantiosa compensación a la persona -delincuente- que grabé sin su autorización, ocasionando daños y traumas a su persona; y tanto, que le es imposible salir a la calle porque le resulta en pánico, imposibilitándolo para ir a trabajar y dejandolo sin ingresos para proveer a su familia.
En dicho documento también señalan que enviarán un técnico que desinstale el equipo, el cual confiscarán; y que si opto por una querella, los gastos y costas correrán por cuenta mía -lo que sea que signifique eso-.
Días después me llamó un amigo abogado que está involucrado en los asuntos del estado; y me dijo que, al ver mi nombre en un expediente solucionó el problema, que, como consejo, cuide de los míos y no me involucre en lo que pase afuera -lo que sea que suceda- ... a eso hemos llegado.
¡Acompáñame!
Té, Café, o lo que apetezcas; yo me decanto por algo más fuerte.
