— ¡Hola, Maia!
— Hola, ¿quién eres?
— Tu vecina, amiga
— Hmm, ¿cuál serías?
— Adriana, niña
— ¡Adriana!, ¿cómo estás?
— Bien, bien, no pregunto por ti, te veo en mi camarita
— Es extraño que me hablen por el teléfono fijo, hace años no recibía una llamada por aquí, no recordaba que lo tenía
— Jaja, me entró la nostalgia, también de la amiga
— ¿Qué necesitas, Adrianita?
— ¿Tienes un termómetro?, es que mi hijo tiene algo de temperatura
— ¿Cuántos años tiene tu hijo?
— 14, ¿por?
— Tengo un termómetro, me lo dieron equivocado y no lo cambié, pero no te servirá, es rectal
— Jajajaja, ¡Mario!; ya te conseguí un termómetro, ¡es rectal!, jajajaja. Desde el fondo, Mario se escuchó decir, — Pues ve, ma, que me estoy muriendo, no creo sobrevivir a mañana
— No lo escuches, Maia; ya ves cómo son los hombres cuando enferman de gripe, parece que se están muriendo
— Ja, lo sé, creo es por la testosterona
— O porque se apapachan
— Bueno, eso también
— Ahorita te caigo, Maia
— Va, en lo que llegas, saldré al antro con unos amigos
— Disfruta por ambas
Y es que, ahorita, en México, no tiene tiempo verbal 😉
Té, café, limonada, fresada, tinto Sangre de Toro; y besitos de ángel en la mesita de arrime... ¡Acompáñame!
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Un termómetro solo mide la temperatura, no alivia dolores, menos uno rectal ;) Ahorita me pido besos de ángel y una fresada.
ResponderBorrarBesos dulces, Maia.
Sí, por supuesto, solo hay que saber si es elevada a no.
BorrarBesitos de ángel y fresada para ti, te acompaño con un té