jueves, 15 de enero de 2026

Emboscada



Intento concentrarme en esta publicación, ¡y no hay manera!. La música de fondo me envuelve en un bucle infinito de sensaciones, de tiempos pasados por el recorrido sinuoso de la vida. ¿Cuántas veces, en compañía de nuestro peor verdugo [nosotros] nos sentimos impotentes, insuficientes, buscando más, queriendo más, soñando más. Los tiempos no eran los adecuados, las compañías quizás tampoco; y fuimos dejando de lado eso que nos ilusionaba.

Me volví rutina detestando la rutina que hoy adoro, ahora, cada amanecer, incluso antes que los rayos del sol cálidamente desciendan por los tejados, salgo al jardín -como hacía mi padre-con un topper en las manos, ahora es grande, cuando inicié era tan pequeño, que apenas resguardaba unos gramos de semillas; y como veo las cosas, nuevamente tendré que cambiar el tamaño.

Mis comensales cada vez son más, es acaso que dan aviso a los demás, comunican dónde hay alimento, todos son familia... lo desconozco, solo sé que detienen su vuelo diurno y en el borde de la barda esperan -im-pacientes, su tiempo es preciso y al tardarme unos minutos más de lo habitual empieza su canto, o quizás su queja. 

Me doy prisa en llenar sus platos, los colgantes son ocupados casi de inmediato por tortolitas, grandes y regordetas, verlas allí, balanceándose al alimentarse es una locura; y otros cuencos a centímetros del piso, allí se acercan a comer los más pequeños, se mueven en grupos ruidosos, revoltosos, alegres, cambio sus aguas y me alejo, observo desde dentro el revoloteo; y nuevamente su canto, parecen alegres; y esa rutina la repito tres veces al día, la última poco antes que vayan a dormir, -no quiero que duerman con sus barriguitas vacías-... luego el silencio.

A finales de noviembre arribaron pajarillos canadienses pecho amarillo, miles de ellos se apoderaron de las plazas cercanas, incluida la que tengo frente a casa, día y noche su canto sin cesar, me obligué en pleno invierno a dormir con puertas y ventanas abiertas... ¡un deleite escucharlos!.

19:00 hrs de un sábado de diciembre, poco antes de noche buena me preparé para salir a caminar con, Gurrumino, Marcos llegó en ese momento y se ofreció a acompañarnos, cruzamos la calle y nos adentramos en la plaza, cerca del kiosco, el crujir de unas hojas secas activó un agitar de alas masivo; y los suspiritos pecho amarillo empezaron a volar en todas direcciones; y una lluvia de heces fue a aterrizar directamente sobre nosotros que corríamos -yo gritando y manoteando histérica, Marcos a carcajadas intentando cubrirme con su cuerpo; y Gurrumino ladrando sin cesar-.

Ya en casa; y después de una ducha exhaustiva nos sentamos en el sofá negro; y al intentar abordar el tema, nos ganó la risa...

Es un hecho que hay vídeos, cada casa -aunque lo nieguen- tiene mínimo dos cámaras con sensor de movimiento grabando cada detalle que acontece 24/7 -incluída la mía-, pero no seré yo quien lo muestre.

La música de fondo continúa, los sueños e ilusiones de antaño se han desvanecido, el estereotipo de felicidad ha madurado; y ahora son esos pequeños detalles los que llenan mi vida de alegría y paz, sobretodo paz, mucha paz.

Té, café, galletitas y tarta de calabaza en la mesita de arrime 
¿Me acompañas?









domingo, 11 de enero de 2026

No te bañarás dos veces en el mismo río -lo dijo alguien-



— ¡Mi niña!
— Buenos días, mi españolito [lo conozco hace ocho, diez o doce años, quizás más; y me olvidé su nombre, por eso el apelativo, él no lo sabe]
— ¿Qué haces?
— Preparando tamales tempranos
— Pero eso es una joda. ¿no?
— Sí, pero me salió el monito, nono, el niño, que si me escuchan llamarlo así me excomulgan
— ¿Tanto así?
— Algo peor, me estarían hablando del origen y tradición y el por qué si te sale el niño es una bendición y deber sagrado ser agradecido ante tal privilegio 
— Leí un artículo de eso. Aquí la tradición es variada, suele ser sinónimo de suerte; y si lo llega a encontrar un mayor debe pagar el roscón del año siguiente 
— Esa tradición me gusta más, aquí vienen cuatro niños por rosca, [a veces seis]; y se enumeran por orden de aparición, al primero le tocan los tamales, caseros por supuesto [si el primero no cocina bien, el "privilegio" desciende según las habilidades de los otros; si ninguno cocina, pues entran al juego las madres o abuelas, que para eso están, para cuidar que las buenas costumbres no se pierdan], el segundo el atole, champurrado o chocolate, el tercero los refrescos [por si no desean atole, bebidas no por ser una reunión sacra]; y el cuarto los desechables o un postre
— ¿Y por qué se llaman tamales tempranos?
— Porque estas monas no quieren esperar a la Candelaria 
— Entiendo que estás ocupada 
— Lo estoy 
— Tú sigue, enséñame el paso a paso que tengo tres horitas libres
— Va, así evitas que me aburra


— Grasa animal, hay que batir para incorporar aire [manual porsupuesto]
— ¿Por qué no usas batidor?
— Porque, al ser caseros no está permitido [regla no escrita pero respetada a rajatabla]

45 minutos después 



135 minutos después de los 45 primeros, tres distintas masas,  vegana, rojo y dulce

Habíamos iniciado videollamada a las nueve y doce horas después los tamales anunciaron su final

— Joer. Maia; ya oscureció, empiezo a pensar que los machos mexicanos inventaron esas recetas para tener a la mujer encerrada y con la mente ocupada en todo menos en ellas
— Ja, quizás...

Tiempos de inocencia y candidez, chica dulce y confiada, presa fácil para innombrable o cualquiera de su ralea, ¿por qué lo permití; y por tanto tiempo?, naa; ya no importa, eso ha quedado en el pasado, pero ese sencillo comentario del españolito me recordó detalles. Innombrable no permitía en casa comida de otras manos; y siempre pedía comida muy elaborada y de muchas horas de preparación, jamás repetía platillo, solo lo permitía después de tres semanas. De repente inspeccionaba la cocina por si descubría alguna etiqueta, un empaque, una bolsa o cualquier cosa que le indicara que lo estaba engañando y no la había preparado yo. —La comida casera es lo mejor -decía-, nada mejor que llegar a tu hogar y ver a tu obediente mujercita cocinandote -también decía-, que te piense todo el día, te cuide y te respete, ser su prioridad incluso encima de ella, uff, cosas locas pasaban por la cabeza de ese hombre... Y a pesar de todo, ese hombre fue necesario en mi camino para aprender que nadie por encima o delante mío; y que al dar, no deberías quedar vacío... por eso y más, agua corrida jamás repetida.

La voz de españolito me volvió a la realidad 
— !Vaya pinta tienen!
— No estoy segura si vale la pena el tiempo y esfuerzo 
— Solo si es valorado, mi niña, pero no, es demasiado tiempo y energía para una comida de tres segundos 
— Te voy a dejar, mi españolito, necesito una ducha para sacar todo este olor a animal muerto
— Llévame contigo pa' la ducha, te acompaño con gusto
— Ja, tú a lo tuyo, que tú mujer ha de estar desesperada 
— Mi mujer acepta que seamos tres, tú eres la que no se decide...

Una hora más tarde se habían colocado tres refractarios en la barra, pollo rojo, dulce y al rinconcito los veganos, todos hicieron a un lado los veganos, Sarita por empatía se sirvió uno, lo probó y exclamó a pulmón, — diantres, Maia, ¡ésto está del asco!, incomible¡, ¿pues qué te pasó, niña?, me encogí de hombros exageradamente, sabía su intención y solo seguí el juego, su comentario creó cierto desconcierto provocando susurros de incomodidad, Sarita sonrió — !logrado!, los quiero todos, amiga, — Naa, estás mintiendo, -alguien lo dijo-, llevas el demonio dentro, Sara. No supe del sabor, se terminaron antes que pudiera probarlos .

En tono broma había colocado un niñito en uno de los tamales de dulce, ¡en solo uno!... y me tocó a mí, joo .

¡Acompáñame!

Té, café, atole de guayaba; y tamales en la mesita de arrime .


P.D. De forma sería o broma, si colocas un niñito dentro, la persona que le salió repite el proceso.