— ¡Mi niña!
— Buenos días, mi españolito [lo conozco hace ocho, diez o doce años, quizás más; y me olvidé su nombre, por eso el apelativo, él no lo sabe]
— ¿Qué haces?
— Preparando tamales tempranos
— Pero eso es una joda. ¿no?
— Sí, pero me salió el monito, nono, el niño, que si me escuchan llamarlo así me excomulgan
— ¿Tanto así?
— Algo peor, me estarían hablando del origen y tradición y el por qué si te sale el niño es una bendición y deber sagrado ser agradecido ante tal privilegio
— Leí un artículo de eso. Aquí la tradición es variada, suele ser sinónimo de suerte; y si lo llega a encontrar un mayor debe pagar el roscón del año siguiente
— Esa tradición me gusta más, aquí vienen cuatro niños por rosca, [a veces seis]; y se enumeran por orden de aparición, al primero le tocan los tamales, caseros por supuesto [si el primero no cocina bien, el "privilegio" desciende según las habilidades de los otros; si ninguno cocina, pues entran al juego las madres o abuelas, que para eso están, para cuidar que las buenas costumbres no se pierdan], el segundo el atole, champurrado o chocolate, el tercero los refrescos [por si no desean atole, bebidas no por ser una reunión sacra]; y el cuarto los desechables o un postre
— ¿Y por qué se llaman tamales tempranos?
— Porque estas monas no quieren esperar a la Candelaria
— Entiendo que estás ocupada
— Lo estoy
— Tú sigue, enséñame el paso a paso que tengo tres horitas libres
— Va, así evitas que me aburra
— Grasa animal, hay que batir para incorporar aire [manual porsupuesto]
— ¿Por qué no usas batidor?
— Porque, al ser caseros no está permitido [regla no escrita pero respetada a rajatabla]
45 minutos después
135 minutos después de los 45 primeros, tres distintas masas, vegana, rojo y dulce
Habíamos iniciado videollamada a las nueve y doce horas después los tamales anunciaron su final
— Joer. Maia; ya oscureció, empiezo a pensar que los machos mexicanos inventaron esas recetas para tener a la mujer encerrada y con la mente ocupada en todo menos en ellas
— Ja, quizás...
Tiempos de inocencia y candidez, chica dulce y confiada, presa fácil para innombrable o cualquiera de su ralea, ¿por qué lo permití; y por tanto tiempo?, naa; ya no importa, eso ha quedado en el pasado, pero ese sencillo comentario del españolito me recordó detalles. Innombrable no permitía en casa comida de otras manos; y siempre pedía comida muy elaborada y de muchas horas de preparación, jamás repetía platillo, solo lo permitía después de tres semanas. De repente inspeccionaba la cocina por si descubría alguna etiqueta, un empaque, una bolsa o cualquier cosa que le indicara que lo estaba engañando y no la había preparado yo. —La comida casera es lo mejor -decía-, nada mejor que llegar a tu hogar y ver a tu obediente mujercita cocinandote -también decía-, que te piense todo el día, te cuide y te respete, ser su prioridad incluso encima de ella, uff, cosas locas pasaban por la cabeza de ese hombre... Y a pesar de todo, ese hombre fue necesario en mi camino para aprender que nadie por encima o delante mío; y que al dar, no deberías quedar vacío... por eso y más, agua corrida jamás repetida.
La voz de españolito me volvió a la realidad
— !Vaya pinta tienen!
— No estoy segura si vale la pena el tiempo y esfuerzo
— Solo si es valorado, mi niña, pero no, es demasiado tiempo y energía para una comida de tres segundos
— Te voy a dejar, mi españolito, necesito una ducha para sacar todo este olor a animal muerto
— Llévame contigo pa' la ducha, te acompaño con gusto
— Ja, tú a lo tuyo, que tú mujer ha de estar desesperada
— Mi mujer acepta que seamos tres, tú eres la que no se decide...
Una hora más tarde se habían colocado tres refractarios en la barra, pollo rojo, dulce y al rinconcito los veganos, todos hicieron a un lado los veganos, Sarita por empatía se sirvió uno, lo probó y exclamó a pulmón, — diantres, Maia, ¡ésto está del asco!, incomible¡, ¿pues qué te pasó, niña?, me encogí de hombros exageradamente, sabía su intención y solo seguí el juego, su comentario creó cierto desconcierto provocando susurros de incomodidad, Sarita sonrió — !logrado!, los quiero todos, amiga, — Naa, estás mintiendo, -alguien lo dijo-, llevas el demonio dentro, Sara. No supe del sabor, se terminaron antes que pudiera probarlos .
En tono broma había colocado un niñito en uno de los tamales de dulce, ¡en solo uno!... y me tocó a mí, joo .
¡Acompáñame!
Té, café, atole de guayaba; y tamales en la mesita de arrime .
P.D. De forma sería o broma, si colocas un niñito dentro, la persona que le salió repite el proceso.





Ya se como se prepearan, ahora tengo que buscar a alguien que lo haga por mi jaja. Un abrazuco enorme
ResponderBorrarJa, mujer lista, por acá nos falta esa pequeña picardía tuya, que no conozco mujer que se niegue a esas situaciones.
BorrarMaia, qué maravilla volver a encontrarte en estas letras que siempre saben a vida vivida, a memoria que respira y a verdad sin maquillaje. Cada vez que publicas, una sensación muy particular se enciende: la de estar entrando en una cocina cálida donde alguien que queremos nos cuenta un episodio cotidiano que, en tus manos, deja de ser cotidiano para convertirse en un pequeño relato lleno de humanidad.
ResponderBorrarTienes ese don extraño y precioso de tomar una escena sencilla —una conversación, un tamal, un recuerdo que se asoma sin pedir permiso— y convertirla en un espejo donde todos podemos vernos. Lo haces sin grandilocuencias, sin artificios, con esa mezcla tuya de humor, nostalgia, picardía y una lucidez que a veces duele y otras veces cura.
En este texto, como en tantos otros, vuelves a recordarnos que la vida está hecha de esos instantes que parecen mínimos pero que, cuando los cuentas tú, revelan capas enteras de historia, de aprendizaje, de heridas que ya no mandan y de fuerza que se construyó a pulso. Y qué bien sienta leerte así: libre, dueña de tu voz, de tu tiempo y de tu manera única de mirar el mundo.
Ojalá supieras —o quizá ya lo sabes— cuánto se agradece cada entrada que compartes. No solo por lo que cuentas, sino por cómo lo cuentas. Porque escribes como quien abre una ventana y deja que entre aire fresco. Porque tu blog es ese rincón donde uno se sienta, respira y piensa: “qué bonito es que alguien escriba así”.
Por eso, y con todo el cariño, te digo: escribe más, Maia. No por obligación, sino porque tu forma de narrar ilumina, acompaña y deja huella. Y porque quienes te leemos siempre nos quedamos con ganas de un capítulo más de tu mundo, de tu voz y de tu manera tan tuya de transformar lo cotidiano en algo memorable.
Un abrazo grande, de esos que se dan con palabras y se sienten de verdad.
Leerte me ha provocado darte un achuchón mi buen amigo, me has emocionado; y es que son solo pequeños fragmentos de los tumbos, desatinos y trocitos de alegría que nos provoca hacer la vida. Gracias
BorrarJoer, Maia, ya le robo yo al españolito que me ha robado el "Mi niña". Espero no te hayas tragado todo el monito. Al menos tus amigas saborearon el agasajo. Hoy me acompañas tú a mí que tenemos algo pendiente ;)
ResponderBorrarBesos dulces, Mi niña y dulce semana.
Tiene 74 años; ya me dirás si no me ve como una niña
BorrarEiiii, ¿monito?, te lavaré la boca con leía; y de rodillas en un hormiguero a rezar diez aves María y cien padre nuestro 🤭
BorrarVaya!, no te conocía ese lado rudo ;)
BorrarFlogger en mano hasta que cumplas, que Diosito está molesto.
BorrarYo no estoy molesto :) Tengo un flogger de doble función que te gustará.
BorrarDiosito sí, que le has dicho "monito" al niño. Leí por ahí que un flogger es acariciadora y un látigo no, me quise ver generosa contigo al escogerlo, no mencionaba dobles funciones.
BorrarSegún he leído, lo has llamado tú, "monito", así que Diosito estará enfadado contigo, antes que conmigo. Y no es lo mismo leer que experimentar en carne propia las bondades de un flogger o un látigo en buenas manos. Insisto en que el mío te gustaría.
BorrarPues claro que se enfadó, te diste cuenta que me tocó doble niño?, si eso no es castigo, no sé yo qué lo sea.
BorrarDicen que Dios castiga, pero no a palos, por algo será ;)
BorrarBesos MI niña castigada.
Me gusta como lo has narrado, ese tonteo tan natural que no lleva a ninguna parte, ese juego felino de arrastrar y soltar... y eso que dicen que con la comida no se juega ;)
ResponderBorrarBueno, hay de comidas a comidas, Beauséant; y toca disfrutarlas ;)
BorrarEs un placer volverte a leer.
ResponderBorrarCuanto hay en tu entrada que desconozco. ¿La broma que hiciste que volvió?
Pero reconozco a tus especiales amigas.
El Inombrable me resultó impresentable, como si una mujer no tuviera otras cuestiones en que pensar.
Besos.
Placer compartido, Demiurgo. Sí, una broma que resultó mal, solo quería poner en apuros a las chicas y ahora tengo que cumplir nuevamente con ese "privilegio". Es divertido verlas reaccionar, se ponen intensas para encontrar una solución y siempre siguen el camino más empinado y escabroso, luego de recorrerlo se dan cuenta que había soluciones mucho más simples.
BorrarSigue siendo un impresentable.
No es por sentirme importante,
ResponderBorrarpero
al leer lo de mi niña,
y lo de españolito, de
repente, me ví representado,
quiero cafe y galletas , un
saludo.
Lo eres, Orlando
BorrarPara este endemoniado frío el café nos viene bien, te acompaño; y galletitas para ti
Saludo
Ja ja , yo no podria
ResponderBorrarhacer esa pastura
de la foto,
Demasiado tiempo y esfuerzo, Orlando, pero ya encontré un atajo; y lo que lleva dos días de preparación se hace en una hora, pero, para qué si no me gustan :)
Borrarquerés algo con el españolito, cosa guapa?
ResponderBorrarIsmael
Lo del niñito dentro me recuerda al Roscón de Reyes aquí, si sale un haba te toca pagarlo y si sale un rey pues eso, eres el rey.
ResponderBorrarno sabía que los tamales tardaran tanto en hacerse. yo los consumo de vez en cuando. en cuanto al innombrable, es un ser que va camino a la extinción.
ResponderBorrar