Olvidé la cita con el ginecólogo y media hora no era suficiente para prepararme y llegar a tiempo -quince minutos antes-, entonces, o me duchaba nuevamente e iba escurrida y caralavada o solo aseo íntimo y me presentaba como estaba; y recordando mi trabajo y lo desagradable que resultan los aromas cuando la higiene no es correcta o han pasado horas desde el aseo me decanté por una rápida ducha.
Me había echado el cabello hacia adelante e introducía los dedos y lo agitaba un poco tratando de sacar el exceso de agua; y lo único que logré fue activar los botoncitos, mis movimientos se vieron interrumpidos cuando recordé la falta de perfume, busqué y en el fondo de la bolsa me encontré un pequeño perfume de brillos de roll on -que no recuerdo quién me obsequió- lo apliqué en forma discreta mientras subía. Tres pisos después y apareció de nuevo la constante interrogante de qué estaban pensando cuando construyeron esos escalones que parecen creados para gigantes, llegas a piso con el corazón en la mano y el aliento varios metros adelante.
— Maia, en un momento te llaman
Agradecí y me acerqué a la ventana, la vista desde ahí es increíble, al frente hay un estadio antiguo con una estructura espectacular, con la modernidad ha quedado rezagado a solo eventos esporádicos y sin mayor importancia; y aún así se mantiene en pie, orgulloso e impoluto. Me llamaron y me dirigí al consultorio.
— ¿A las prisas, Maia?
— Sí, doc, olvidé la cita
— No te preocupes, adelántate y colócate la bata, cuando estés lista me llamas
Me saqué la ropa y me coloqué la bata, mi cabello seguía húmedo, me acerqué a la mesa de exploración y lo llamé
— Maia, revisemos primero los pechos -me indicó los movimientos a seguir- ¿estás de acuerdo, Maia?
Y a pesar de saber lo que seguía y la incomodidad que me genera, en mi cabeza predominaba -como siempre- la interrogante ¿estoy lo suficientemente limpia?, ¿huelo bien?, ¿olvidé algo?. Bajé la bata y me di cuenta de su reacción, él se recompuso de inmediato pero esa sensación me resultó inquietante. Luego me indicó que me recostara para una exploración completa, al colocarse entre mis piernas su comentario fluyó sin percatarse — Hoy vienes luminosa, Maia
Una sensación de inseguridad se apoderó de mí e instintivamente uní las rodillas; y el resto de la consulta lo pasé callada.
— Maia, te llamaré para los resultados -me sonrió y me abrazó cálido-
Llegar a casa y ducharme es lo que seguía; y al sacarme la ropa los brillitos se habían esparcido...
a veces pasa así, uno no tiene un buen día; en cuanto al doctor, si te genera alguna incomodidad, mejor sería que busques otro.
ResponderBorrarNo, la incomodidad viene por el examen, por esa sensación de vulnerabilidad al estar expuesta, DRACO.
BorrarLas palabras, cuando inesperadas, descolocan más que cualquier otra reacción.
ResponderBorrarNo sé quién habrá tenido la genial idea de ponerle brillitos a los perfumes y desodorantes...
Saludos,
J.
Es así, J
BorrarNo tengo idea, ni en mi adolescencia los usé, recuerdo que en algún momento probé y me irritó, ahora lo han suavizado pero igual sigue siendo un poco molesto que se te corre por todos lados.
Saludos, J.
Bueno, un examen incómodo. Pero necesario. Un abrazo. Carlos
ResponderBorrarAsí es, Carlos
BorrarOtro para ti.
Los olvidos puede provocar el tener que apurarse, para no faltar a algo previsto, lo que puede producir molestias.
ResponderBorrarJosé A. García hizo una buena pregunta, que comparto. Y que resume bien lo que contaste.
Besos.
Es desagradable la impuntualidad, Demiurgo. Aunque ahora se mencione que llegar quince minutos tarde, no es llegar tarde.
BorrarSí, fue una buena pregunta; yo ko tengo la respuesta.
Otro para ti.
Debe resultar muy incómodo...
ResponderBorrarBesos.
Mucho, TORO.
BorrarOtro para ti.
Esa una incomodidad primigenia. El hombre, por el contrario, se va a la uróloga y está deseando que se propase. Tan diferentes y tan iguales.
ResponderBorrarJa
BorrarTotalmente, Cabrónidas
Puta vida...hahahahahaha
ResponderBorrarY sí...
BorrarUn trato muy afectivo el del ginecólogo y una indiscreta exclamación, y eso que dicen que los médicos son discretos, aunque algunos se sobrepasan en sus bromas, lo he vivido. Y una mujer que no anda preparada ante los imponderables, cuando dicen que las mujeres en sus bolsos llevan de todo. Bueno, puede pasarle a cualquiera, imagina si me pongo brillos :) Bonita canción en la gran voz de Mariah.
ResponderBorrarBesos dulces Maia y dulce semana.
Imagino que tampoco se esperaba verme así, DUICE
Borrar¿Lo has vivido?
Los bolsos guardan un poco de todo, pero a veces se ponen traviesos.
Otro para ti.
Sí, doctores que se hacen los bromistas, imagino que es una forma de distender el ambiente.
BorrarOtro para ti, un beso dulce por supuesto.
Los médicos son un mal necesario, se vuelven amigos con el tiempo.
BorrarO familiares, tengo una sobrina doctora.
BorrarJa
BorrarTe toca apechugar las bromas de la sobrina
-Entre más respuestas, menos besos-
"Hoy vienes luminosa, Maia". Él que te dice eso, y sobre la misma tú respondes: "Es lo que todo el mundo dice sobre mi sonrisa, lo sé". Y sales jugando. Va un abrazo, Maia.
ResponderBorrarJa
BorrarEs buena respuesta, Julio David
Otro para ti.
¿lo que venir luminosa es por la purpurina? Si lo he entendido bien la historia viene por una error involuntario. La sensación de vulnerabilidad es muy peculiar, nos viene cuando ya nos creemos a salvo de ello, quizá por ello sea más dura. Un abrazo
ResponderBorrarAsí fue, Joaquín. Coincidimos en tu punto.
BorrarUn abrazo