Me encontraba en los veintieternos -aĂşn los tengo- cuando me di cuenta que todo tiene un principio, pero no siempre es el camino definitivo, porque ese principio se despliega en una basta red de sensaciones que a lo largo del camino van acumulando experiencias.
HarĂa mi primer viaje sola, trescientos kilĂłmetros completa y absolutamente sola, estaba radiante, todo el tiempo previo escuchĂ© la vocecilla de mi madre haciĂ©ndome indicaciones, ¡No levantes a nadie en el camino!... Âżlevantar?, palabra extraña para referirse a las personas.
ReciĂ©n habĂa iniciado el viaje y un apuesto hombre maduro estaba allĂ, detenido a la verita del camino, con un neumático tronado — No levantes a nadie — -recordĂ©-, iba a continuar pero...
— ¿Puedo ayudarte?
— ¿Solo si sabes cambiar neumáticos?
— ¡Por supuesto!, es lo primero que aprendes antes de coger camino
— ¡No te creo!
— ¡Podemos hacerlo!, si quieres, pero no lo haré sola
— ¿Y si te pago?
— ¿Y si me voy? - lo pensó un momento; y cuando estaba por regresar a mi auto lo escuché decir
— ¡Es un trato!. Le indiquĂ© que sacara el repuesto, el gato, la cruceta, los triangulitos para evitar accidentes, se doblĂł las mangas y se encaminĂł a la parte trasera del vehĂculo
— No viene con repuesto -era un vehĂculo reciĂ©n salido de la agencia-
— Debajo del tapetillo
— ¿Cómo sabes tanto?
— ¡Ya te lo he dicho!
Mi padre me habĂa enseñado a aflojar las tuercas usando mi propio peso, pero lo tenĂa a Ă©l, un hombre fuerte y con una adorable barriga, pasĂł quizás una hora cuando terminamos; y quizás tres horas más en una dulce conversaciĂłn, mi piel ardĂa por el sol del medio dĂa. Al despedirnos quedamos en una cita al llegar a la ciudad, un poco más adelante vi su auto volcado en medio del camino, fue en el tiempo en el que algunos neumáticos salieron con defecto de fabricaciĂłn.
Han pasado años, mientras tanto, voy vagando por el tiempo y el espacio, por las mentes y las pieles, buscando esa sensaciĂłn primera del roce de su espĂritu; y aunque han habido muchas, no puedo desprenderme de aquella que fue primeramente Ăşnica.
Se llamaba Ernesto...
Sabrán perdonar que haya cambiado la URL del blog; y disculpar los inconvenientes. Gracias
ResponderBorrarUn golpe terrible ver el coche fuera de la carretera, cuentas las historias que hasta duelen jeje. No he notado ningĂşn cambio en la URL del blog. Abrazos
ResponderBorrarSĂ, fue difĂcil de ver. Me alegro que solo fueran ideas mĂas, Ester. Hace un dĂa precioso, espero que por allá tambiĂ©n.
BorrarHay personas que tienen un algo que las hace especiales, su recuerdo queda grabado por siempre en nuestro recuerdo y corazĂłn.
ResponderBorrar¡Triste historia!
Ha sido un placer visitarte y leerte.
Cariños.
Kasioles
"Kasioles" quĂ© bonito nick. Justo asĂ. SĂ, es triste, sucediĂł hace ya muchos años pero se le recuerda. Un placer tu visita.
BorrarQuizás en otro tiempo, en otro mundo, en otra vida... lo encontrarás.
ResponderBorrarBesos.
Quizás, y quizás aún no sepa cambiar un neumático. Otro para ti.
BorrarUna buena analogĂa de la vida, un viaje que hacemos solos encontrando diversas personas en el camino, y si alguna de ellas en alguna dulce conversaciĂłn nos hace arder la piel, por quĂ© dejarla pasar y no levantarla? A pesar de los consejos de mami. Las oportunidades se toman o se pierden. Ernesto jugaba baloncesto? Me gusta el blues que oigo de fondo, muy sugerente.
ResponderBorrarBesos dulces Maia y dulce semana.
Bueno, el ardor en la piel fue por el sol. SĂ hiciĂ©ramos un recuento de todas las personas que han pasado por nuestra vida, no terminarĂamos de escribir, DUICE. Por seguridad, más, cuando viajas sola. Era alto pero no lo sĂ©. Lo escuchaba anoche mientras escribĂa. Otro para a ti y que sea una buena semana.
BorrarSabĂa que leyĂ©ndote iba a experimentar esas sensaciones que siempre crean en el lector tus relatos, Maia.
ResponderBorrarEnhorabuena, no te canses nunca de escribir.
Te lo agradezco, Enrique; ya te lo he comentado en otras ocasiones, eres muy generoso en tus comentarios. Por aquĂ andaremos todavĂa. Bonita semana.
BorrarTodos hemos tenido un tiempo, incluso un tiempo dentro de otro tiempo, incluso un tiempo que retorna, incluso un tiempo que se reiventa. Los viejos nombres, los viejos rostros, las personalidades de individuos que conocimos forman parte no solo de nuestra memoria, sino de nuestra experiencia, y por lo tanto del bagaje que conforma nuestra propia manera de ser y de comportarnos.
ResponderBorrarPor supuesto, Fackel, historias de vida.
BorrarUna experiencia dura, tremendamente dura. La vida en algunas situaciones no es lĂłgica. Un abrazo con aprecio. Carlos
ResponderBorrarSĂ, a veces pienso, si no le hubiera ayudado, la grĂşa se hacĂa cargo, no sĂ©. Otro para ti.
BorrarMe ha pasado que tu blog se ha convertido en una de esas islas que solo se ven en ocasiones, y pasan al imaginario como lugares mágicos. Si intento acceder me sale que no existe pero a través de otro blog en que has comentado he accedido a este rincón especial y mágico, algo parecido a Alicia que solo accede al Pais de las Maravillas por una conejera, o Narnia que se accede de forma mágica o tantos otros lugares a los que ahora tú perteneces como un sueño..... Debes llevar cuidado con los que no quieren mancharse la mano con la grasa del neumático y prefieren pagar a una mujer en lugar de agradecerle la ayuda. ¿barriga adorable? Eres una locuela sin duda. Un saludo
ResponderBorrarEso ha sido culpa mĂa, JoaquĂn, cambiĂ© la URL, estaba experimentando porque no es lo mismo blogger de hace ocho o diez años a la actual; y creĂ que redireccionarĂa sola, veo que no fue asĂ.
BorrarDijiste algo que me ha llevado a otro pasaje "Debes llevar cuidado con los que no quieren mancharse la mano con la grasa del neumático", me recordaste a alguien. Un saludo, JoaquĂn.
Muchas gracias por haberme dejado el enlace en comentarios, he actualizado mi lista de blogs amigos para que me salgan ahora sĂ tus nuevas entradas, si no llega a ser por el blog de MarĂa no te habrĂa localizado. De verdad que tu relato es muy bueno con ese punto de dramatismo trágico del final que es un colofĂłn que da que pensar sobre el destino. Me ha recordado el cuento El criado del rico mercader, de las mil y una noche. Hay destinos de los que no se puede escapar.
BorrarGracias a ti por continuar, JoaquĂn. Ahora he pasado a tu blog para conocerlo desde el ordenador y sĂ, la vista es muy limitada desde el mĂłvil, gracias por darte el tiempo de actualizar, me gustan tus visitas y me gustan tus comentarios, como el anterior en el que te hizo gracia la "barriga adorable". BuscarĂ© el cuento que mencionas porque de eso hace tanto, debo refrescar mi memoria.
BorrarA mĂ lo que me parece adorable es que te resulte adorable una barriga. La de ese hombre fuerte llamado Ernesto.
ResponderBorrarTodo el relato tiene una sutileza donde lo que no se dice pesa más que lo que se narra de lo más interesante. Es totalmente atmosférico. El sol, la soledad, el simple roce que activa sensaciones... Lo tiene todo sin mostrar abiertamente. Un saludo.
Ya te tengo fichada de nuevo en mis blogs necesarios.
Una barriga masculina da mucho juego, Sergio, además, es tan acolchada y cálida, se siente bien descansar tu cabeza allĂ.
BorrarMi mente hace un resumen de lo acontecido y se publica solo eso, ahora, leyĂ©ndote, me haces sentir que has estado allĂ, observando lo que se queda dentro, quizás a eso es a lo que llaman, "leer entre lĂneas". Gracias por actualizar, tambiĂ©n me pasĂ© por tu blog para observarlo desde el ordenador. Saludos
An experience that was extremely difficult.
ResponderBorrarda la impresión de que aquel señor no estaba apto para conducir un coche, sino para que lo llevaran, o, en su defecto, utilizar el transporte público.
ResponderBorrarTienes razĂłn, DRACO, Ernesto -segĂşn me contĂł- tenĂa chofer pero estaba renovando su licencia y ese habĂa sido un viaje repentino.
BorrarBueeeno! ¡QuĂ© bien que ya has vuelto! te agradezco mucho que me hayas dejado las llaves para poder entrar en tu confortable casa : ) En tu historia, como en la mĂa, recuerdas a tu padre -solo que el mĂo, que entendĂa de mecánica, era ingeniero industrial- jamás me enseñó a cambiar una rueda, de hecho aun hoy no sĂ©, es más mi relaciĂłn con las máquinas en general y la tecnologĂa en particular es desastrosa, las odio y me odian...en tu historia, como dice SERGIO, es cierto, cuentas más en lo que no cuentas, que en lo que has escrito... la evocaciĂłn de un encuentro fugaz que sin embargo te marcĂł o al menos perdura en tu memoria, con esa nostalgia que dejan los buenos recuerdos, aunque tuviera tan triste final..Te dirĂ©, que es una escena talmente al estilo de peli americana, me imagino una carretera recta y larga en medio de una zona casi desĂ©rtica y allĂ vosotros dos : ) Un beso MAIA, me gusta leerte, mil gracias!
ResponderBorrarMarĂa, que Maia me disculpe por entrometerme en su blog, mi padre era mecánico, aun vive, ya muy mayor, y sĂ me enseñó a cambiar ruedas, más de una vez ese conocimiento me ha servido, aunque ahora no lo harĂa porque las ruedas y sus tornillos ya no son lo mismo.... Como te comentĂ© en tu blog, es curioso cuando sin pretenderlo nuestros padres nos van modelando en cosas que ni imaginan....
BorrarSi no hubiese sido por JoaquĂn, no me entero que hice mal algo en el cambio, MarĂa. bueno, tu padre no te enseñó el cambio de neumáticos pero sĂ te introdujo al aprecio de la mĂşsica. Mi padre querĂa que fuera capaz de no depender de lo que se consideraba "habilidades para los hombres". Algo hay en tu visiĂłn, MarĂa.
BorrarY JoaquĂn, estás en tu casa, nada hay que disculpar, al contrario. Los tornillos y tuercas ahora los ajustan con una máquina que ni con n peso extra pueden aflojarse, JoaquĂn.
No me molestó tu cambio de URL, llegué acá por tu perfil.
ResponderBorrarQue molestas pueden ser tus circunstancias. En el caso que contás, la mala calidad de los neumáticos atentó contra tu fama de experta cambiadora.
Besos.
Creo que el detalle fue que ellos tienen el blog en el desglosado, Demiurgo; y eso no actualizĂł, me parece.
BorrarSĂ, hubo muchas muertes por esos neumáticos defectuosos
Otro para ti.