— Maia, me gustaría que conozcas a mi abuelita
— ¿Cuál es el motivo?
— Es la persona más importante en mi vida; y quisiera presentartela
— ¿Cuándo quieres que la conozca?
— Elige tú, entre semana cualquier día
Recorrimos la ciudad adentrándonos en las primeras colonias que se formaron, casas muy antiguas empezaron a aparecer, cada una diferente a la otra, en esos lugares no se encuentran viviendas fabricadas en serie, no tienen estacionamiento, son de un piso y su estructura es alta y con esquinas curvas, eso solo es posible en el lado norte.
Frente a la vivienda se mantenía firme una plaza circular donde presentaban corridas de toros, diferente a otras estructuras de esa naturaleza, esta es considerablemente bajita.
— ¿Sigue activa esta plaza?
— Solo para lucha libre
— Es muy baja, me da la impresión que los toros podían escapar sin problema
— Sucedía con frecuencia, en el frenesí saltaban a las gradas, luego corrían alrededor de la colonia; y nosotros siendo niños salíamos despavoridos
— Aterrador
— Y divertido, soltabámos una carga de adrenalina potente; y en la noche nos reuníamos frente a una fogata a contar nuestras hazañas, aunque eran de todos conocidas, esa fogata olía a testosterona pura y dura.
Entramos a la vivienda, parecía un lugar suspendido en el tiempo, todo estaba seccionado y entremedio separando los dormitorios de los accesos comunes había un largo corredor, al fondo y uniendolo todo un enorme y rústico jardín.
— Ven, Maia, mi abuelita ya no sale de su habitación
— ¿Le has preguntado si quiere recibirme?
— Anoche hablé con ella
— ¿Y si refrescas su memoria?
— Tiene muy buena memoria, Maia
Entramos a su dormitorio, una mujer menudita estaba sentada en una de las dos camas que había, recostado a su lado un pequeño y blanco cachorro que recibía sus caricias.
En algún momento nos quedamos solas, doña Sofía pasaba los noventa años, tenía una agilidad mental sorprendente, se dejó sentir casi de inmediato.
— Su habitación es bonita, tan llena de recuerdos
— Es lo único que me queda de mi Juan
— Lo siento
— Yo no, me hubiera dolido más si yo me fuera primero, no son tan fuertes como piensan, pero los dejamos creer que sí
— ¿Mucho tiempo juntos?
— Imagínate, llegó al pueblo donde vivía con mis padres cuando yo tenía doce años, iba con otros chefs, como era un pueblo de aves, ellos llegaron a enseñarnos a elaborar galantina de pavo; yo me acerqué a aprender y me dijo que fuera a buscar a mis padres, que quería hablar con ellos, al día siguiente nos casamos y nos venimos para aquí
— ¿Volvió alguna vez al pueblo?
— No, mi lugar estaba al lado de mi Juan; y ahora está aquí, en la casa que me construyó; y dónde me ha dejado
Volví a observar las paredes tapizadas con fotografías en un blanco y negro desvanecido, cinco embarazos gemelares de varones — ¿Cuál es usted, doña Sofía?, se señaló entre las cuatro niñas -ella se perdía como una más-
y entre todo ese tapiz había una fotografía que destacaba, era la única que tenía marco, era más grande que el resto y en color. Me quedé observando con detenimiento, parecía tan diferente
— ¿Su marido?
— ¿Quién? -buscó con la mirada tratando de ubicarlo-
— Él -señalé la fotografía con marco-
— ¡No, no!, es el niño Fidencio
— ¿Su hijo? -me miró y su rostro mostraba desconcierto-
— El niño Fidencio es un santito muy milagroso, ¿mi nieto sabe que no eres creyente?
— Eso creo, ¿es un problema?
— No para mí, he visto cosas peores que eso; ya he vivido muchos tiempos; y sigo aquí, adaptándome al cambio, pero mi nieto sí es religioso
— Mientras sea respetuoso, doña Sofía, ¿por qué es tan milagroso?
— Cuando llegamos aquí; y al estar construyendo tuvimos que cavar varios metros para poner tierra buena para el jardín, mi Juan quería un huerto para sus recetas; y encontramos cosas malas enterradas, el niño Fidencio nos ayudó a alejar toda la maldad
— ¿De ahí viene su fe?
— No solo de ahí, también de los milagritos que hizo en vida; y sigue haciendo
— Entiendo
— Maia, respeta la naturaleza del hombre y él respetará la tuya
— Gracias, lo tendré en cuenta
— Ayúdame a llegar a la cocina, haremos galantina
Y mientras preparábamos la galantina
— Setenta años casada... ¡Toda una vida!
— Apenas un suspiro, diez años sin mi Juan han sido toda una vida
Té, Café, Tinto o lo que apetezcas; y un intento forzado de galantina
¡Acompáñame!
Doña Sofía, como casi todas las abuelas que atravesaron el siglo XX, vivieron muchas cosas que nosotros apenas sí podremos llegar a imaginar.
ResponderBorrarY no solo las vivieron, aprendieron de ellas.
Saludos,
J.
Hablar con ellas es gratificante, J.
BorrarSaludos
jeje cosa guapa, me confundis, pasás de niña a mujer en un instante
ResponderBorrarO tenés mucha vida vivida o una gran imaginación.
El santito que curaba lepra murió de lepra, me lo podés explicar
ismael
No quiero confundirte, Ismael
BorrarTengo buenas experiencias
Me quedo con lo dicho por doña Sofía, sin análisis, ella creía y es suficiente para mí.
Una mujer de acero y de ternura con la cabeza bien asentada.Es cierto lo de morir antes, en mi casa espero irme yo el primero y s estevun deseo muy egoista por mi parte....Me encanta como escribes tanto que hay momentos en que me gustaría ser uno de esos personajes tuyos y ver tu mundo no a través de tus ojos sino mirándolos de frente. Un abrazo.
ResponderBorrarTus comentarios son siempre agradables, Joaquín; y precisos, igual yo preferiría morir al final para evitarles dolor, si pudiéramos elegir...
BorrarSerías un gran personaje, solo bueno veo en ti.
Un abrazo
Para las personas de 90 años y más, este mundo de hoy es otro muy distinto del que ellos conocieron, y si ya no están esos afectos de antes también se hace algo ajeno. No conocía ni he probado la Galantina, así que acepto encantado.
ResponderBorrarBesos dulces Maia y dulce fin de semana.
No solo para ellos, DUICE, cualquiera que tenga 30 ó más.
BorrarTé y galantina para ti.
Un beso para ti.
a esa edad tan avanzada, doña sofía todavía puede contar su propia historia. otros, ya no.
ResponderBorrarmuchas gracias por compartir.
para mí, café como siempre, por favor.
Ella ya no está, esa fue la primera y última vez que la Vi con vida, pero esa tarde fue de las mejores, DRACO.
BorrarGracias a ti.
Café para ambos
Resulta adorable esta abuelita y además es muy inteligente porque es cierto que los hombres llevan muchísimo peor las ausencias que nosotras, bueno, eso y las enfermedades y casi te diría todo lo que tenga que ver con la afectividad .. mi padre tb se fue muchísimo antes que mi madre, su partida sí que se me hizo terrible, pero aun así, sé que fue mejor así, mi madre fue como esta abuelita tuya, siempre absolutamente yb totalmente anamorada de su PACO, como la tuya de su JUAN.. que pena que haya que decir adiós, un beso MAIA y ahora no, pero mañana si tiene un ratito, me pones un té verde, como siempre ... un placer y mil gracias por lo de allí cielo .. de corazón.
ResponderBorrarNo lo llevan bien, es cierto, aunque habrá sus excepciones, María. No era mi abuelita, pero ya sabes, siempre nos adoptan o los adoptamos.
BorrarCuando desees, María, aquí estaré para ti. Gracias a ti.
Un abrazo
Niño Fidencio... no lo había oído nunca.
ResponderBorrarAquí hay El Santet...
Esto me gustó, TORO
Borrar"¿Ves que está rota?". En efecto, una grieta parte la piedra por la mitad, en diagonal, donde está su nombre. "Pues dicen que mirándola fijamente se ve el Más Allá",
Estupendo relato y esa galantina tiene muy buena pinta.
ResponderBorrarSaludos
Gracias, Fernando
BorrarSaludos
Llegar a esa edad con la cabeza bien amueblada es dificil, pero resulta grato su compañía y escuchar sus vivencias porque han tenido demasiada experiencia.
ResponderBorrarMuy buen relato, un placer leerte.
Besos y feliz semana.
Fue agradable estar con ella esa tarde, María. Gracias
BorrarUn beso
El paso de los años cubre de niebla las ideas y los recuerdos, pero si escuchamos con calma a nuestros mayores aprenderemos sin sufrir todo lo que a ellos les costó una vida entender.
ResponderBorrarSon especiales nuestros mayores, Beauséant; y tienen una riqueza interna que estimula.
BorrarEl quid no es llegar al final, porque todos llegamos, sino cómo se llega. La abuela es afortunada yo me alegro por ello.
ResponderBorrarAsí es, Cabrónidas. Lo fue; y un honor haberla conocido.
BorrarMe quedo por aquí leyéndote...
ResponderBorrarBienvenida, Eva
BorrarCuanta memoria de la de esa señora.
ResponderBorrarY que habilidad para contar.
Elijo el té.
Besos.