Conforme escribo, trato de recordar el nombre de aquella tía que vi en mi niñez en contadas ocasiones, era la mayor de las hermanas del lado de mi madre.
Cuando la conocí ya tenía en su haber ocho divorcios; y en aquellos tiempos -retorcidos- yo creería que el divorcio era una ardua tarea que consumía tiempo y recursos -eso decía mi madre- pero ella sabía el camino que le facilitaba las cosas, tenía buenas amistades; y por supuesto, una exquisita belleza; y una clara distorsión de los límites.
El recuerdo de su aspecto es como una postal desvanecida. La tía era de tez morena, ojos grandes, mirada oscura y confortable, una mujer voluptuosa, cintura reducida, de largas piernas y con una lacia cabellera negro brillante.
Su último marido era tan encantador como mujeriego; y al vivir en un pueblo chico todos sus devaneos eran conocidos. Una tarde, estando de visita en casa de la tía, -su casa, al estar en un punto central, era camino obligado para ir a cualquier dirección-.
A lo largo de la tarde empezaron a transitar distintas personas, ella mencionaba, "Con esta mujer se enredó mi marido en tal fecha y lugar", "Con esta otra sucedió parecido", "A esta la vi en pleno acto"; y así transcurrió la tarde entre mujeres avergonzadas que pasaban con la mirada en el piso, mi madre por supuesto enfadada por la -soez- conversación de la tía.
— ¿Por qué sigues con él? -mencionó mi madre-
— Porque activa mi imaginación
— ¿Cómo lo hace?
— A veces le cambio el azúcar por sal, al agua de frutas le pongo picante, al papel sanitario le recorro la placenta del chile, le hilvano el tiro del pantalón y cuando se sienta se rompe, le pongo el despertador a mitad de la noche, clavitos de olor en las sandalias; y muchas cosas más
— ¿Eso te provoca placer?
— No tienes idea de cuánto
— ¿Qué hay después?
— ¡El divorcio!
La tía tenía tres hijos, dos mujeres, la mayor era hermosa y la siguiente nada agraciada, un hombrecito igual de encantador y mujeriego que el padre. La conocí en su último matrimonio, años después supe que terminó igual que los otros, el tiempo de vida que siguió decidió hacerlo sola, llena de viajes, hombres y diversión... La tía Lina vivió hasta los 97 años.
— Estoy pensando en el divorcio
— Sarai, prácticamente te acabas de casar, no has cumplido un año
— Lo sé, Marce, pero lleva cuatro años sin trabajar; y me engaña con cuanta falda se cruza en su camino
— Cariño, pero eso ya lo sabías
— Pero no me afectaba, Maia
— ¿Qué ha cambiado, Sarai?
— Que estoy cansada, ¡Ay, Maia!, también estoy embarazada; y cuando he dicho que quería interrumpir el embarazo se lo ha dicho a todos, todos me han señalado, ahora soy la mala del cuento y él, una pobre víctima de esta comehombres desalmada
— No sé mucho de situaciones legales pero creo no puedes divorciarte estando embarazada, amiga
— Sí; ya me enteré; y también tuve que aguantarme el sermón del domingo del padrecito que delante de todos los feligreses ha dicho que me consumiré en las llamas del infierno por siquiera pensarlo; y ha enfurecido más porque le respondí que bueno, si ya por pensarlo estaba mi lugar asegurado, pues qué importaba si lo llevaba a cabo; y con una mirada que echaba fuego me ha echado de la iglesia
— ¿Tú qué quieres hacer, Sarai?
— Tenerlo
— ¡Vaya!, ¿te felicito?
— Pues ya qué... La abogada también me dijo que si insisto en lo del divorcio, mi marido puede exigir pensión
— Obvio, con eso que está -sobrecalificado- y no lo contratan -según él- pues no trabaja, por supuesto que te toca su manutención, aparte del total de gastos de tus dos hijos, tres con el que viene
— Pero no es justo, mis hijos qué, ¿pero él?
— Bueno, tienes siete u ocho meses para hacer que las cosas funcionen a tu favor, o aceptar tu matrimonio
— Ya empecé, le dije que mi embarazo es de alto riesgo y tengo que dejar de trabajar; y traspasar la clínica, que se tiene que hacer cargo del total de los gastos
— ¿Y qué ha dicho?
— Que quizás sea buena opción interrumpir el embarazo
— ¡Vaya!
— Necesito que trabaje este añito; y cuando presente la solicitud de divorcio pueda quitármelo de encima
— Lo que necesitas es pensar bien las cosas antes de embarcarte, no dejes todo al corazón, que un poquito de razonamiento ayudaría, amiga
— Lo sé, Maia, es que me encantan los hombres
— Pues dátelos, pero no te enganches
— Ya, ya sé, Marce, pero no pienso
— Pues hazlo... -Sarai se encogió de hombros-
En una ocasión tuvimos que rescatar a Sarai de detrás de los puños de su primer marido. La segunda vez la rescatamos de un intento de secuestro del segundo marido. Esta tercera ocasión, no sé qué sucederá está vez... A veces pienso que Sarai es un poco masoquista.
¿Tan necesitados estamos de afecto que hacemos lo que sea por una caricia?...
No sé de lo que estáis necesitadas. Cuanto más aprendo sobre vosotras menos sé. Lo que sé es que esta historia en dos tiempos y dos personas cargada de paralelismos y significado me ha parecido una delícia escrita. Tanto en estilo como en intención. Con esa pregunta final que lanzas al aire para darle sentido a todo pero no respuesta. A lo mejor alguien la tiene. A ver los comentarios. Un saludo.
ResponderBorrarGracias, no somos tan complejas de aprender, al contrario.
BorrarInundan muchas preguntas mi cabeza, Sergio en todo momento.
Un saludo
A veces sí, a veces se omite o acepta todo lo malo por sentir que alguien está contigo y pasa en todos los niveles de las relaciones de pareja, el más extremo cuando se acepta el maltrato físico y psicológico. Seguro hay explicaciones para esa conducta como para todas, pero pasa a menudo. Lo que no entiendo es por qué no se puede divorciar estando embarazada y tampoco suena bien anteponer un aborto como la solución de todo. Lo mejor es separarse porque ante lo expuesto ni de un lado ni de otro hay ánimos de cambiar, a una le gustan mucho los hombres y al otro mucho las mujeres, para qué estar juntos así? Yo también me encojo de hombros.
ResponderBorrarBesos dulces Maia y dulce fin de semana.
Hay que ver por qué lo aceptan, quizás no sé enteran, DUICE. Porque hay leyes que seguir.
BorrarA una le gustan mucho los hombres, pero no se involucra con todos, el.otro sí. No creo que importe si te gustan o no, importa si rrspetad o no a tu pareja.
En el tema del aborto no puedo opinar, sé lo que yo haría, pero también sé que tu cuerpo te pertenece y la decisión es individual.
Que tengas una buena semana, DUICE.
Cada cual tiene una razón al tolerar lo intolerable, y no siempre son razones simples, tanto que nis las leyes logran cambiar esas conductas y al final suceden las tragedias. Y por supuesto si hay una relación el respeto es fundamental, por algo se eligió esa opción, pero tampoco eso asegura que se cumpla esa premisa, al igual que en lo primero que dije. En cuanto al aborto es un tema sensible y de matices que deben ser abordados con responsabilidad, porque cada cuerpo es de alguien, pero no todas las vidas nos pertenecen.
BorrarBesos dulces Maia y dulce semana.
Tu tía era toda una transgresora, que hacía todo lo que deseaba, siendo muy atractiva. Una vida plena y larga. Muy digna de elogios.
ResponderBorrarLa otra historia que contás me hace pensar que compleja es la naturaleza humana, las emociones, las leyes. Y como los representantes de las religiones pretenden mandar. Fue una buena respuesta que Sarai le dio a padrecito.
Besos.
Era atractiva; y una de sus hijas sacó su belleza, el hijo también.
BorrarLos sacerdotes saben cómo envolver a algunas personas.
Otro para ti.
empecemos, cosa guapa, contale la historia de la tía lina a sarai a ver si espabila un poco. un embarazo no deseado será un niño querido?, a ver si nos entendemos
ResponderBorrarismael
El problema con, Sarah, que es demasiado confiada; y no piensa mal de las personas, así se esté hundiendo.
BorrarSí. La necesidad de afecto puede llegar a la desesperación en muchos casos. Los he visto. Y eso ni siquiera es la peor parte.
ResponderBorrarSaludos,
J.
No imagino qué sería la peor parte, J.
BorrarSaludos
Maia, a veces pienso que eres muy joven por tu tono desenfadado y sexi de contar las mayores desgracias y por supuesto las muchas gracias, pero siempre acabo pensando que acumulas una madurez tan honda como brillantes son tus historias. Dices mucho simplemente cuando estructuras tu forma de contarnos las cosas. Le deseo lo mejor a Sarai y a esa personita que viene en camino.
ResponderBorrarTransito entre los veinte y noventa años, Joaquín, siempre me han dicho que soy un alma vieja.
BorrarEres generoso conmigo, gracias, también por tus buenos deseos a la amiga y el nuevo sobrino.
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ResponderBorraryo comprendo que los hombres se líen con mujeres así; pero, ¿para qué casarse con ellas?
ResponderBorrar¡inelegibles para todos los efectos!
¿Inelegibles?, ¿ellas?, no sé qué decirte, amigo, DRACO.
BorrarAntes que nada está la dignidad.
ResponderBorrarEl afecto si es correspondido vale, pero nada de arrastrarse por una caricia.
Así es, TORO, ante todo el amor a nosotros mismos.
Borrar¿Te sirve un cálido abrazo amiga?
ResponderBorrarEs que el "empanamiento" de cabeza que tengo desde hace unos días, no me da para más... :))))))
En serio. Algo de fiebre, garganta, etc. Hoy mucho mejor!
Abrazos Maia.
Por supuesto, Ernesto, gracias
BorrarTé doble para ti, amigo, espero te recuperes pronto.
Abrazo
Su caso es patológico pero no gratuito. A esa mujer le faltó amor. Un abrazo. Carlos
ResponderBorrarTodo es posible, Carlos.
BorrarOtro para ti.
Hay quien le gusta complicarse la vida. Un beso
ResponderBorrarTotalmente, Susana.
BorrarOtro para ti.
Chapeau para tu tía… y a su forma divertida de quitarse maridos de enmedio 😊
ResponderBorrarSarai… sí parece algo masoquista… Acabo de conocer un caso parecido: un hombre sorprendido en la calle pegándole una paliza a su mujer, la policía que lo detiene y lo mete en un furgón para llevárselo a comisaría, y ella que suplica a la policía que lo suelten, pobrecito, que la quiere mucho… En España son asesinadas por sus parejas unas 50 mujeres cada año.
Un abrazo, Maia.
Gracias, diego
BorrarBueno, es que es muy fácil pasar de una paliza a un asesinato, al primer aviso o antes mejor retirarse.
Otro para ti.
Está claro que Sarai sufre de una dolencia mental, puede que irreparable. No hay salvación para ella.
ResponderBorrarPara todos, menos para ell, Cabrónidas
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