viernes, 3 de abril de 2026

Las siete cazuelas




De pequeña, en el seno familiar existió una tradición arraigada, podrían cambiar u olvidarse otras, la tradición de las siete cazuelas no.

Mi hogar era diferente al resto, mientras en otros lados las madres se quedan en casa a cuidar de sus hijos, mi madre trabajaba jornadas largas e intermitentes en el negocio familiar 24/7, "ayudaba" que fuera propio, así podía organizarse, preparar comida y lo necesario para el buen funcionamiento del hogar. 

Aún así, se daba el tiempo para la Cuaresma, porque la cocina mexicana no son solo recetas, son historias que se entretejen de madres a hijas; y mi madre pensaba que eran las tradiciones que había que conservar.

En aquellos tiempos no entendía por qué nos esforzábamos tanto en preparar tanta comida, al ir creciendo entendí que las siete cazuelas no eran solo comida, representaban, -según mi madre-, los siete pecados capitales, las siete visitas a templos, las siete caídas de, Jesús; y algo más  importante, que siempre hay comida suficiente para compartir.

Era el único momento que nos sentabamos todos juntos como familia, familia extendida y agregados; y era obligación comer todos los platillos en orden, si saltabas algunos no llegarías a la capirotada y las torrejas, así era la tradición.

Sopa de lentejas / Nopalitos en salsa roja /
Tortitas de camarón, Pipian y papitas cambray / Chiles rellenos de queso o atún / Filete de pescado empanizado y Arroz blanco / Capirotada / Torrejas con miel de maple artesanal o melaza. Acompañando agua de sangre de Cristo o lágrimas de virgen.

Extraño aquellos tiempos de prepación, cocinar junto a mi madre y hermanas en sus ollas de barro, sonriente, bromista, sacarse ese velo de sobriedad autoimpuesto y disfrutar esos momentos alrededor del fogón era una delicia.