viernes, 27 de octubre de 2023

Quizás aún

Al entrar, al lado izquierdo había un baúl bordó en la sala que parecía darte la bienvenida. "Papeles, papeles y más  papeles, solo documentos oficiales", decía mi madre y no permitía que se abriera, estaba prohibido a mis hermanos, se los dijo a cada uno de ellos, nunca directamente a mí; y a pesar de no tener llave, nadie lo tocó, hasta aquel día.

Una tarde de otoño en la que no sabes si es de día o de noche, me encontraba sola en esa habitación, con las puertas cerradas y la luz apagada, mis padres estaban trabajando y mis hermanos quizás en la calle jugando, usé el comodín de hija menor a la que nadie le prohibió nada; y lo abrí. 

Dentro encontré más de lo que en vida hubiese imaginado. Envuelto en seda gris, había un extenso paquete de fotografías de familiares fallecidos de mi padre que la abuela le había entregado a mi madre, como señal de aceptación a la familia el día que se casaron. (¡Vaya regalo!, dijo tiempo después mi madre).

Las observé con curiosidad y con respeto deslizarse entre mis dedos, esos cuerpos marchitos colocados en distintas posiciones, con sus rostros pálidos y ojerosos que parecían decir algo que no tuve la capacidad de interpretar. 

Luego los vi arder en una hoguera improvisada, (a escondidas de mi padre). Mi madre no pudo tolerar que su pequeña hija cargara con un trauma como el de ella al recibir tan macabro presente. 

Aún hoy; y después de tantos años, sigo conservando en mi memoria el recuerdo de aquellos cuerpos inertes desprendidos de sus almas; también conservo el desazón por no haber podido protegerlos.

Y ahí quedó el legado que me hubiese gustado conservar como herencia familiar. Me llamaban rara... quizás aún.

viernes, 20 de octubre de 2023

Solo para mujeres



— Maia, no me casaré, no quiero un matrimonio y ya no estoy en edad, ni de tener hijos, tampoco de adoptarlos, a menos que sea un hombrecito ya crecido, que se atienda solo, se mantenga solo; y que no dependa en absoluto de mí como su madre, solo así adoptaría
— De hacerlo ¿en que edad te gustaría que ronde, el hombrecito?
— Pues mira, remilgosa no soy, diría que de los treinta pa'rriba
— Jaja, lo quieres ya aprendidito
— Por supuesto, eso no se consideraría incesto, ¿no?
— Ay, Sara, oye, ¿vamos a comer?; y me cuentas cómo te sientes por la decisión que has tomado
— ¡Sii!, amiga, hay que celebrar, conozco un lugar buenísimo, me lo recomendaron, es solo para mujeres, no tiene una gran variedad en el menú de comidas pero sí en bebidas; y Maia, no es vegano, así que, vete preparando

Al ver su mirada brillante no pude evitar sentir un escalofrío, sobre todo después que susurró en mi oído "carne de primera". Por sus antecedentes en conducción preferí manejar yo, prácticamente cruzamos la ciudad de un extremo al otro, me indicó que me estacionara en una tienda de lencería, entramos y me distraje con unas prendas de encaje rojo.

— Maia, es por acá; y me señaló una puerta lateral que se confundía con el tapiz de la pared, entramos a un corredor y llegamos a unas escaleras, descendimos; y ahí, frente a nosotros un aviso que indicaba que estaba prohibido sacar el móvil. Después del cartel había una puerta roja que te adentraba en un restaurante íntimo y acogedor, pero improvisado. Cada mesero cubrían solo dos mesas, "demasiado personal", pensé. Al traernos la carta mi atención fue a parar en unas letras diminutas que estaban perdidas entre tanto, Sara interrumpió mi intento por leer en qué consistía ese platillo.

— Amiga, sería tu mejor elección, "El especial" es espectacular
— No sé, me siento inmensamente vieja, no logro ver los ingredientes, ¿es carne?
— Maia, déjate de cosas y pídelo

El mesero se acercó y le pedí "El especial"
— Disculpe, ¿qué?
— Este pequeñito de aquí; y le señalé con el índice el diminuto espacio
— Pero, ¿qué lleva el especial?
— Pues si no sabe usted...
— Sí, por supuesto, me refería a si tiene algunas indicaciones específicas
Para ese momento mi cabeza estaba trabajando a marchas forzadas y había enlazado todo; y ante tanto mesero guapo y jovencito me di por enterada, -o eso creía-.
— Solo tráigame agua embotellada, por favor; y que esté fría
— ¡No, no, no, no!, tráigale el especial, por cierto, no le gustan los pollitos, se apresuró a decir, Sara, sonreí nerviosa. — Anda, disfrutemos juntas

Minutos después apagaron las luces; y frente a nuestra mesa aparecieron tres hombres maduros, vestían camiseta y pantalón negro, destacaba en su brazo izquierdo un lacito rosa, en apoyo a este tema tan delicado que busca crear conciencia, después del bellísimo baile sensual  nos acompañaron a comer y el consumo se destinaría a esta causa.

Pedí una tabla de quesos y jamones acompañada de un Pinot Noir, cerca de diez años siendo vegana no te deja margen para salirte de la línea; y cuando lo haces, las consecuencias se hacen notar, ha valido la pena al darme cuenta del compromiso de los hombres para un tema tan delicado que ataca a las mujeres.

Brindemos por los bellísimos hombres que se comprometen en situaciones que atacan directamente la salud de las mujeres.

lunes, 16 de octubre de 2023

"Un tonto ilustrado es más tonto que un tonto ignorante", lo dijo Molière

🎼 🎶



— Maia ¿Cuántos ex se consideran demasiados colocándonos en el umbral de la promiscuidad?, aunque eso depende a quién le preguntes, claro, en el supuesto de querer preguntar. ¿En qué nivel parar para que la pareja en turno no se sienta agraviado de tu pasado?. A algunas personas les da por hace una lista de parejas en algún momento de la vida y antes de tirar la agenda; y creo que soy una de ellas.

— Sara, ¿a quién le importa?, haz lo que quieras con tu cuerpo y con tu vida, bastante nos ha costado tener ese granito de libertad
— Pero, amiga
— ¿Sarita, consideras necesario hacer un recuento?
— ¡Sí!, eso creo
— ¿Y podrás recordar a todos?
— ¡Por supuesto!, solo he tenido a ratos un ex, Sergio, en tres ocasiones rompimos pero luego volvimos a retomar donde lo habíamos dejado, ¿o fueron cinco?No cuentan como ex los casuales, ¿no?
— Sara... diría que sí
— Diría que no, no han sido mis ex, solo fueron ratos de diversión y uso mutuo, bien aprovechados, debo decir
— Ay, Sara; ¿y recuerdas a todos los ratos de diversión y uso mutuo?
— ¡Hasta crees!, claro que no. ¿Y tú?
— No lo sé, diría que tres
— ¿Tres?, ay amiga, esos son muchos ex, aunque el primero no debió ser, deberíamos borrar de la lista, el innombrable 
— Quizás, pero no permite que lo olvide
— ¿Lo has vuelto a ver?
— ¡Sí!, lo siguen teniendo como parte de la familia; y hubo un evento este sábado al que me fue imposible negarme, al llegar tuve una sensación extraña, se mostró cercano; y tanto que llegó a incomodarme su atención, parecía otro, quizás su madre tenía razón cuando dijo que aguantara los palos, que los hombres con los años se van calmando, no lo sé, pero no estoy interesada en averiguarlo
— No puedes creerle amiga, los hombre no cambian; y menos él
— No le creo, solo me extrañó su afecto, fuimos a comer, intenté ignorarlo poniéndome al día con los sucesos familiares, había pedido una cerveza que parecía ser la copa infinita, nunca se vaciaba, tan centrada estaba en la conversación que no me di cuenta que él seguía llenando mi copa al tiempo que invadía mi espacio personal
— ¡NO!, no permitas que entré de nuevo en tu vida
— Me sentía mareada, bajé la guardia y no me di cuenta que había rebasado mi límite de tolerancia al alcohol, creyó que estaba cediendo, que ya me tenía dispuesta y que no me negaría, hasta me invitó a su casa creyéndose más inteligente
— ¡Maldito!; ¿y qué hiciste?
— Pedí maní salado y me recuperé en minutos 

Por cierto, te preparé brownies de triple chocolate

viernes, 13 de octubre de 2023

Similitud

🎼 🎶

En incontables ocasiones, mi madre, dentro de su delirio hablaba de mi hermano pequeño (no tan pequeño), posiblemente en algún momento eso originó ciertos celos, no lo tengo presente, la disculpa era que, por ser el menor; ¡y siempre sería el menor!, tenía ese pedestal privilegiado de apego materno.

Casi al final de su vida ella dijo algo que me descolocó. — Maia, cuida de Jesús, no lo dejes solo, ve que llegue a casa y no se pierda en la oscuridad — Sí, mami; yo te lo cuido...

Estando en el hospital; y con todo listo para la cirugía de Marce, cuando la anestesia recorría su cuerpo, me dijo algo parecido. — Maia, cuida de Marcos, no lo dejes que se hunda en la oscuridad...

Me desconcertó la similitud de ambos pensamientos en una brecha generacional abundante, ¿por qué pensar en Marcos cuando su bebé corría el mismo riesgo que ella?; y entonces lo entendí... Marce, al igual que mi madre conocía muy bien las vulnerabilidades de la persona que está a su lado y la preocupación era inevitable. 

Yo misma en un juego/dinámica en la que participamos, Marce, Sara y yo, me preguntaron a quién salvarías de tus amigas si solo una pudiera ser rescatada, sin dudarlo escogí a Sara, ante la sorpresa de Sara, no así de Marce, cuando Sara me preguntó por qué; y a punto de responderle Marce intervino. Porque sabe que de una u otra forma yo me salvaría, Sara. En ese momento Sara no supo si alegrarse u ofenderse, en el fondo eso no importaba.

Porque nuestra naturaleza es proteger a unos más que a otros, o quizás un sentimiento un poco más egoísta; protegernos del dolor evitando que algo suceda a quienes amamos.

viernes, 6 de octubre de 2023

Después de la introducción

🎼 🎶

Cuando me decidí a retomar en los blogs fue después de pensarlo incontables veces, seis u ocho años son muchos años alejada, analicé empezar de cero o continuar donde lo dejé, pros y contras. ¿Qué pretendía?, ¿contar mi historia o buscar un punto y aparte y partir de ahí?

Las cosas se sucedieron; y los planes que había hecho, la estructura, el nombre, que en un inicio sería, "Monólogos de una chica mala"(que por ahí quedó); y todo a la cual dediqué horas, días, semanas, se fue al botadero; y poco a poco el blog empezó a tomar forma, me decidí por el total anonimato; y así había sido, pero una noche cualquiera, en una de las acostumbradas reuniones que hacemos los miércoles en mi casa (que es la de ustedes); y con la total confianza dejé el móvil en la mesita de arrimo y me acerqué a la cajonera de pijamas, de las mías (hay cajoneras de pijamas mías y de visitas, aunque Marce y Sara no siempre respetan los espacios), al regresar con las chicas, las vi muy entretenidas con mi móvil.

Me acerqué desconcertada, sonrieron amablemente e hicieron espacio entre ellas y con unas pequeñas palmaditas al sofá (ahora negro) me invitaron a sentarme entremedio; yo seguía sin dar crédito a lo que estaba viendo; y después de un silencio incómodo fue Marce la que me soltó la noticia...

— Amiga, te llegó una notificación, ¿por qué no nos habías dicho que tienes un blog?
— Quizás porque no quería compartirlo, Marce. Al ver sus caritas de decepción me apuré a decir — No en ese momento

— Pero Maia, sabes que nosotras te apoyamos, ¿lo sabes?
— Lo sé, Sara, pero, ni siquiera sé si lo voy a mantener activo

— A ver, Maia, no te faltarán anécdotas, ¿por qué dudas?
— No, Marce, no es eso, aunque en algún momento quizás se terminen

— Para eso estamos las amigas, ¿no?

Y partiendo de esa charla es que salió la autorización para incluir a Marce y Sara en la ecuación. Este miércoles nos hemos reunido (Marce por videollamada); y me han pedido contarles algo en lo que ellas no están incluidas.

Mi primer beso

No recuerdo su rostro, estoy segura que no lo reconocería si volviera a verlo, pero sé que él sí lo haría, ¡Estás igualita!, siempre me dicen; y voy a casa y busco en los álbumes de fotos y me pregunto, ¿de dónde?, no lo sé, es una interrogante que para mí no tendrá respuesta.

Estaría entre los catorce o quince años, teníamos mucho tiempo de conocernos; y yo intuía que le gustaba pero él no terminaba de convencerme, tampoco mi edad, pero mi madre siempre me decía, ¡Necesitas conocer a alguien o te pondrás vieja!, es cuando me preguntaba si los hombres eran el elixir de la eterna juventud, porque de otra forma no entendía el perpetuo comentario de mi madre; y cómo un hombre me mantendría joven, o por qué a esa edad tendría que preocuparme por la vejez.

Y una tarde que fui a la papelería a unas cuadras de casa me crucé con él (agradezco que no lea el blog porque me sentiría fatal que se entere que no recuerdo su nombre), vestía una camisa holgada, en color blanco y pantalón negro, entallado, su cabello ondulado y negro, de tez blanca, casi tanto como yo- Recuerdo que la camisa la traía abierta de tres o cuatro botones, eso casi le llegaba al ombligo (no me convencía), pero me gustaba su trato.

Me acompañó de regreso a casa; y después de esa tarde continuamos viéndonos varios meses, luego una tarde cualquiera... un camino recorrido hasta mi boca; y un beso aprisionado y húmedo, ¡eso fue incómodo!; y toda esa magia alrededor de las mariposas en el estómago, el beso apasionado, el no recordar tu nombre y quedar prendada de él; y el imaginarme casada y con hijos más que venir a mis pensamientos, todo se volvió ceniza.

Recuerdo su olor, su sabor y me resultaba desagradable, años después descubrí a qué se debía... tabaco, el chico del beso era adicto a masticar tabaco, aparte de eso, él no era mi persona.

Ese fue el inicio y el final de dar zancadas por pasos; y de decir sí, cuando quiero decir ¡NO!. Y no negaré que los besos que vinieron después, muchos me han quitado el aliento...

Hoy barra libre 24/7

miércoles, 4 de octubre de 2023

JM

— ¿Fue suficiente, Maia?
No esperó que hubiera una respuesta, continuó como en una reflexión en tono alto, ¿acaso un monólogo?, — ¿cuánto tiempo más piensas dedicarle?, hice una señal al mesero, levanté un poco el vaso y lo moví en péndulo con suavidad, él llegó de inmediato con un whisky en las rocas, el cual agradecí con una ligera sonrisa, lo moví  ligeramente, el sonido de los hielos chocando entre sí me dejaba una sensación agradable — No permitas que manipule tu vida, Maia, no vuelvas a ese bucle de toxicidad del que no podías salir; ya han pasado ¿qué, doce años?, eres más que eso, querida amiga

—No lo haré, es solo que, aquel fue mi peor pesadilla, por eso cuando conocí a Manolo fue un soplo distinto a lo que había vivido; y no es que esté considerado su propuesta de volver, es solo que sigo sin comprender qué pasa por su  cabeza, Sara. 

— Son hombres, Maia, ¿Qué otra explicación necesitas?, agrégale que aquel es bastante machista y carece de empatía, céntrate en, ¿Cómo dices que se llama?.

— JM

— Sí, es cierto JM; ¿Y dónde dices que lo conociste?

— Amistades en común 

— Pues ahí lo tienes, solo no cierres los ojos, recuerda que acostumbran darnos sorpresitas... Se interrumpió y se quedó pensando, algo le preocupaba y estaba a punto de soltarlo — ... y Maia... 

Hubo un silencio incómodo, Sara estaba buscando las palabras para hablarme de lo que parecía inquietarla. La conozco tan bien que no eran necesarias, la interrumpí de inmediato, intuía lo que me diría.

— No lo digas, Sarita, esa no eres tú. 
Se encogió de hombros, hizo una mueca con los labios y lo soltó a bocajarro

— He decidido complacer a Sergio. Me casaré este invierno; y Maia, quiero que seas mi testigo...

sábado, 30 de septiembre de 2023

Sutil


— ¡ Déjalo pasar, Sara ! 
— ¡No, Maia!, se quiere medir 
— Anda, solo déjalo pasar, con un imprudente es suficiente; y Sara, no quiero terminar en el hospital 
—  ¡No, Maia!; yo no me dejo; y el sujeto me está probando 
— ¿Y qué necesitas demostrarle?, vamos, no sigas acelerando y ya déjalo (aceleró más) ¡Demonios, Sara! 
Momento después parecía que por fin había entendido porque dejó de acelerar y empezó a balbucear enojada 

— Si Marce estuviera aquí no te habría permitido 
— Precisamente 
 —No, Maia, a mí nadie me gana, hay que educarlos 
—A ver, Sara, si el sujeto quiere matarse, que lo haga solo, o lejos de nosotras, así no se hacen las cosas, ¿bien? 
—Pues ya qué... de seguro se está riendo porque cree que me ganó 
—¿Y qué importa lo que piense o crea?, ¡olvídalo!. 

Esa tarde le pedí  a Sara que me acompañara a unas compras faltantes para la comida, le advertí que yo manejaría, no quería otra situación como la de esta mañana. Salimos de casa y venía un sujeto igual que el anterior (no, si es que los hay por montones, parece que se reproducen por esporas) intentando imprudentemente rebasar por la derecha, lo dejé pasar y Sara comentó.

—Va al mismo sitio que nosotras
— Está bien, Sara

Y así fue, después de pasar la curva volvió a cerrarse y se estacionó en el único lugar que había 

—¿Ves?, todo por dejarlo pasar 
— Sara, lo sé, me di cuenta

El hombre se bajó triunfal, Sara estaba haciendo  gestitos y con la sangre a punto de ebullición. Me estacioné pegadita a su auto, había otro adelante al que él se le había acercado mucho y le sería imposible moverse si alguno de los dos previamente no lo hacía. 

 — Maia, te pueden infraccionar 
— ¿Por qué?, nada obstruye; y si fuera el caso, ¿No la pagarías con gusto, solo por darle una lección al sujeto?
— No, pues sí, esa y otras más bien valen la pena 

Nos tomamos el tiempo para hacer las compras; y pedí un café, ambas lo pedimos 

—Disculpen, señoritas ¿Sería tan amable de dejarme sacar mi auto?. Al vernos nos reconoció — Lamento el cerrón de hace rato, no volverá a suceder 
— Los cerrones se adelantó a decir Sara
—No hay problema 
—Es que, el auto que está delante, el dueño está durmiendo, su esposa no quiso despertarlo 
—Aun no terminamos, señor 
—Yo espero y nuevamente les ofrezco una disculpa.

Volvimos a centrarnos en la charla que estábamos teniendo, media hora después salimos del local, el hombre aún seguía encajonado 

—Tienes que ver siempre más allá, Sarita, que no te ciegue el temperamento. 

Encendí el auto y cuando iba a hacerme para atrás para poder salir venía un bus y volví a colocarme pegaditan al auto del tipo. 

El chofer tuvo que hacer muchos movimientos para entrar en esa curva tan estrecha sin chocar mi coche, el chofer volteó e inclinó  un poco su cabeza, le sonríe inocente.

—Siento los inconvenientes, caballero, no tuve opción 

El chofer inclinó la cabeza; y me correspondió con una amplia sonrisa, acunó sus ojitos de forma coqueta, luego se detuvo en paralelo con el auto del sujeto maleducado y empezó a discutir con él, este a su vez le respondió; y siguieron manoteando desde sus respectivos vehiculos. Voltee con Sara con carita de inocente...

— ¡No me jodas, Maia!, ¿Cómo haces eso? 
—No pierdo la calma, Sara, la testosterona siempre está en ebullición, mira, ellos solitos se enfrentan
— Maia, eres una...

martes, 26 de septiembre de 2023

La puerta de malla

🎼 🎶

Y cuando todo se volvió caótico, guardé un par de prendas, me acerqué al departamento de Sara y la llamé desde el coche.

— Sarita, unos días en montaña, ¿te va?
— ¿Clima?
— Entre cinco y once
— Ahora bajo

Y salió con todo y su camioneta 
— Guarda tu coche, Maia, en el mío estaremos más cómodas
— ¡Oh , vaya!, Sara, no subirá
— Oye, no ofendas a mi mama móvil, ¿ok?
— Ahora me cambio; y Sara carguemos combustible
— Tanque lleno, amiga
— ¿Segura?, a ver, que reviso. Me indicó con la mano que todo estaba bien y ya no hice intento de comprobar
— Hay que pasar a comprar víveres
— Sarita, traigo todo
— No, amiga, no soy conejo, Maia, ¡soy carnívora!
En ese momento me vino el pensamiento del término en el que pide sus cortes y la náusea amenazó con invadirme, rechacé los recuerdos e intenté concentrarme en la lista que Sara me estaba dictando. Más tarde cogimos camino, tres horas después y la camioneta empezó con el sonido característico de vaciado

— ¡Sara!, me acerqué y la línea estaba sobre el rojo  ¡Demonios, Sara!, debí revisar el combustible 
— Debiste, Maia; ya ni modo, pero no te alteres, cuando pasa el rojo, aun puede bajar más, no te preocupes, sí llegamos
— Obvio no, Sara, faltan más de doscientos kilómetros, llamaré a Caminos, deben tener una grúa en alguna parte
— Ten fe, verás que sí lo logramos 
— Sara, no nos quedaremos varadas de noche en este lugar, eso no sucederá
— ¡Ay, amiga!, no te lo quería decir pero, parces una mami gruñona
— Sarita, amiga, alguien tiene que ser el adulto aquí
Auxiliadas por Caminos pudimos llegar a una estación a cargar combustible. Cuatro horas después dimos con el pueblo escondido, sus calles, todo un reburujo. 

¡IMPORTANTE!, cuando exista un señalamiento amarillo que diga ¡Prohibido!, no significa que vayas con cuidado, es una clara alerta que por ahí ¡NO PASES!, cosa que nosotras no hicimos, el pavimento estaba húmedo, salidas del tramo nos bajamos a ver el daño, sí... definitivamente, por toda la línea media de la carretera habían quedado hundidas las huellas de las llantas. Sara movía la cabeza de un lado a otro; y yo pensando, con qué me saldría ahora.

— No, amiga, eso ya estaba, mira, el trazado no es el mismo que mis llantas (y las llantas llenas de cemento o lo que sea con lo que hacen los caminos)
— ¡No puede ser!, Sara, no veo por aquí a nadie más distraída que nosotras (y me eché a reír)
Sarita me miró desconcertada y me dijo  Pues yo tengo mis dudas...

En ese momento se acercó una residente
— Ustedes vienen de la ciudad ardiente ¿cierto?, asentí con un movimiento de cabeza y cuando estaba a punto de responder, otra vez, Sara...
— ¡Siii!, ¿conoce la ciudad?
— No, no la conozco, me queda muy lejos
— A nosotras también la suya, ¿cierto, Maia?
— ¡Eh!
— ¿Y cómo sabe que venimos de allá?
— Las mujeres de esa ciudad que han venido solas a rentar las cabañas no siguen reglas, por eso las ubicamos (y voltea a ver lo maltrecho que dejamos el camino)
— Le decía a Maia que yo tengo mis dudas que mi camioneta haya hecho eso
— ¡No puede ser!... Señora, estaremos en la cabaña de Don Poncio, cualquier gasto que genere nos contacta por su medio
— No, no se preocupen, al contrario, agradecemos que vengan y renten las cabañitas al lado norte, eso ayuda mucho en la economía del pueblo

Nos despedimos de la residente y seguimos el camino que nos había indicado, subíamos un tramo y la camioneta bajaba dos; y así, hasta que Sara volteó conmigo y me dijo  Maia, creo tenías razón, la camioneta no sube  ¿crees? (Nuevamente eché a reír, ¿qué más podía salir mal?), le llamé a Don Poncio y nos orientó dónde dejar la camioneta (invadimos la cochera de alguien), media hora después llegó él y su ayudante en unos buggies; y nos subieron a la cabaña. Antes de llegar pasamos por el estacionamiento comunal; y ahí estaba, un pequeño coche como el mío nos observaba orgulloso y triunfal, Sara de inmediato se adelantó a comentar; —Ni lo digas, Maia.

— Don Poncio, ¿para qué es esa puerta de malla
— Es para que los osos no entren
— ¿Hay osos?
— ¡Sí!, estamos orgullosos que ha incrementado el número
— ¡Vaya!, ¿alguna recomendación?
— No, para nada; y no se preocupen, comen hierbas, ah; y ardillas, además, está la puerta de malla para que no pasen
— ¿Y los osos saben que no deben pasar de la puerta?
— Maia, no seas impertinente, es obvio que lo saben, ¿Cierto, Don Poncio?, y por qué le llaman Don si estará por los ¿cincuenta?
— Tanto como saberlo, pues no, pero tengan, con esto los ahuyentan (y nos extendió una chicharra); ya si entran a la cabaña, pues me avisan por wasap, solo NO los alimenten ni dejen desechos por ahí 
— ¿Y en cuánto tiempo llegaría?
— Lo mismo que hicimos subiendo, una hora, un poco más si es de noche; ya sabe, el camino es estrecho y empinado
— Y mientras llega, ¿Qué se hace?
— Pues se ponen a gritar, a los osos les asusta el ruido escandaloso
— ¿Escandaloso?
— ¿Una hora?, pero Don Poncio, eso es mucho tiempo; ¿Y si mejor se queda a cenar y desayunar con nosotras?, Maia prepara una ensaladita deliciosa; y no nos dijo su edad
— Ya, Sara, déjalo ir

A la mañana siguiente nos despertamos con una invasión, Sarita se olvidó de guardar la carne que había asado, teníamos a tres osos merodeando; y uno intentando entrar a la cabaña; y a gritos me dice...

— Ya lo ves, Maia, todo por no hacerme caso, pudimos convencer a Don Poncio para que se quedara con nosotras, además, ¿qué tanto es un polvito comparado con estas bestias hambrientas?
— ¡Ay, Sara!, ¿ellas o tú?...






viernes, 22 de septiembre de 2023

A tomar en cuenta

Cuando creía que no lo necesitaba, no le di importancia, cuando me faltó empecé a darme cuenta que estaba equivocada.

Hace un par de semanas empezó el problema, una pequeña e indetectable falla en la fibra óptica se hizo más grande, una colonia quedó fuera, no encontraron el punto exacto y siguió con otra; y así se fue sucediendo hasta completar las cinco.

Reportes por todos lados con una sola respuesta — Estamos trabajando para solucionar el problema —. Al día de hoy más de la mitad de la ciudad está sin internet en casa, solo el satelital .

— Estamos trabajando para solucionar el problema... dicen, pero también que no tienen suficientes técnicos para todo lo que se ha armado.

Y así seguimos, sin internet, servicio telefónico, Alexa, televisión por cable, música, camaras de vigilancia, alarmas de casa (la seguridad está vulnerada)... 

Es en estos momentos que me doy cuenta la importancia de la red; y que no solo se necesita para conectarse desde el móvil.

Y el problema va en aumento ...

jueves, 21 de septiembre de 2023

Cuando el cielo es el límite

Sara llegó esta madrugada, las diferencias con Sergio no han cesado, al contrario. No logran ponerse de acuerdo con el asunto de la (No) boda.

— A Sergio no le entra en la cabezota que no quiero casarme, tendrá sus razones pero yo no dejo de verlo como un intento indiscriminado de control, además, la ley solo reconoce como matrimonio una relación monógama; y nosotros estamos muy lejos de eso, ¿Para qué se hace?, no encajamos en el perfil 
—¿Se lo has comentado?
— Todo el tiempo 
— ¿Y?
— Nada, dice que es un mero trámite, que nada cambiará
— Bueno, sabes que en las relaciones de pareja a veces hay que ceder, o hacer creer que lo haces
— ¿Dices de fingir una boda?
— ¡No, Sara!, digo que en la actualidad hay otras formas de unirse sin tener que pasar por un juzgado o la iglesia, vamos, la boda convencional; y también les llaman bodas
— ¿Hablas de chamanes, brujas blancas, esoterismo y esas cosas místicas?, he sabido que en Catemaco hay unos reconocidos, podemos organizar un viaje hasta allá y tentar las aguas
— No, Sara, esos son terrenos desconocidos, hablo de una boda simbólica, plantar un árbol con arena de su lugar de origen (aunque ustedes no son buenos para eso de mantener vivas las plantas), la cápsula del tiempo, la luz, arena de dos colores, reunirse en el lugar que se conocieron o es su favorito y decir sus votos, ¿algo más original?, una reunión con sus personas favoritas e invitarles a participar en su compromiso espiritual, hay mucha gente que cree en eso, no tanto en un dios pero sí en la espiritualidad. Puedes llegar por ahí a Sergio y ambos obtiene lo que quieren sin perjudicar al otro.
— Puedo hacerlo como sorpresa y así no podrá negarse
— Y estarías abriendo la puerta para que él hiciera lo mismo, piensa en opciones y háblenlo
— ¿Maia; y crees que acepte?
— Vamos, Sara, ¿Recuerdas el inconveniente con el coche y el imprudente?
— Y vaya que lo recuerdo
— ¡Pues eso!...
— Bueno, pero esta noche; y las que siguen me quedaré contigo 
— Solo si prometes preparar esa deliciosa agua frutal
— ¿Qué te parece una cremosa de fresa?
— Recuerda que soy vegana
— ¿Y una de plátano, o piña con fresa?, o nos inventamos alguna
— ¿Y por qué tienes que dormir en mi cama?
— Porque tengo miedito, no acostumbro hacerlo sola; y Maia, eres mi mejor amiga
Pensé, si digo algo, capaz que Marce se entera y me quema viva
— Anda, duerme ya...