— Maia ¿Cuántos ex se consideran demasiados colocándonos en el umbral de la promiscuidad?, aunque eso depende a quién le preguntes, claro, en el supuesto de querer preguntar. ¿En qué nivel parar para que la pareja en turno no se sienta agraviado de tu pasado?. A algunas personas les da por hace una lista de parejas en algún momento de la vida y antes de tirar la agenda; y creo que soy una de ellas.
— Sara, ¿a quién le importa?, haz lo que quieras con tu cuerpo y con tu vida, bastante nos ha costado tener ese granito de libertad
— Pero, amiga
— ¿Sarita, consideras necesario hacer un recuento?
— ¡Sí!, eso creo
— ¿Y podrás recordar a todos?
— ¡Por supuesto!, solo he tenido a ratos un ex, Sergio, en tres ocasiones rompimos pero luego volvimos a retomar donde lo habíamos dejado, ¿o fueron cinco?. No cuentan como ex los casuales, ¿no?
— Sara... diría que sí
— Diría que no, no han sido mis ex, solo fueron ratos de diversión y uso mutuo, bien aprovechados, debo decir
— Ay, Sara; ¿y recuerdas a todos los ratos de diversión y uso mutuo?
— ¡Hasta crees!, claro que no. ¿Y tú?
— No lo sé, diría que tres
— ¿Tres?, ay amiga, esos son muchos ex, aunque el primero no debió ser, deberíamos borrar de la lista, el innombrable
— Quizás, pero no permite que lo olvide
— ¿Lo has vuelto a ver?
— ¡Sí!, lo siguen teniendo como parte de la familia; y hubo un evento este sábado al que me fue imposible negarme, al llegar tuve una sensación extraña, se mostró cercano; y tanto que llegó a incomodarme su atención, parecía otro, quizás su madre tenía razón cuando dijo que aguantara los palos, que los hombres con los años se van calmando, no lo sé, pero no estoy interesada en averiguarlo
— No puedes creerle amiga, los hombre no cambian; y menos él
— No le creo, solo me extrañó su afecto, fuimos a comer, intenté ignorarlo poniéndome al día con los sucesos familiares, había pedido una cerveza que parecía ser la copa infinita, nunca se vaciaba, tan centrada estaba en la conversación que no me di cuenta que él seguía llenando mi copa al tiempo que invadía mi espacio personal
— ¡NO!, no permitas que entré de nuevo en tu vida
— Me sentía mareada, bajé la guardia y no me di cuenta que había rebasado mi límite de tolerancia al alcohol, creyó que estaba cediendo, que ya me tenía dispuesta y que no me negaría, hasta me invitó a su casa creyéndose más inteligente
— ¡Maldito!; ¿y qué hiciste?
— Pedí maní salado y me recuperé en minutos
Por cierto, te preparé brownies de triple chocolate
