Hace semanas y para dar por finalizado el contrato con los especialistas -aquellos que vinieron a solucionar el problema con los inquilinos- y por seguridad de Gurrumino, les pedí que hicieran una inspección y retiraran todo lo que habían colocado -si es que dejaron algo-. Ellos llegaron a hacerse el tonto y minutos después me aseguraron que ya no había peligro para Gurrumino, les creí al verlos sacar un contenedor de cosas.
Sábado
Aún con rezagos de la intoxicación, agotada y torpe; y Gurrumino calladito y fuera de mi vista... Algo pasa -sentí- y empecé a llamarlo, sí, lo reconozco, a la voz de mando, Gurrumino es medio socarrón y cavernícola, pero cuando le hablo tierno, el cachorro se derrite y le sobran segundos para llegar a mi lado.
De repente se escucharon sonidos extraños, corrí asustada y Gurrumino tenía su carita metida en una bolsa con tapas, algodones y cosas de los especialistas, lo levanté y le lavé su carita y boca mientras le llamaba a Sarai -Sarai es veterinaria y atiende a Gurrumino- llegó en minutos, lo revisó y medicó; y el resto del día, Gurrumino estuvo en observación hasta quedar fuera de peligro.
Es como tener un pequeño eternamente...
