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domingo, 26 de julio de 2026

Una nueva forma de latir

 


Tengo miedo. 

Lo digo en voz baja, casi como un susurro, como si nombrarlo pudiera hacerlo más grande. Me siento mejor, sí. Respiro mejor, sí. Mi cuerpo empieza a responder, sí. Pero el corazón no solo guarda latidos, también conserva recuerdos. 

A veces me descubro preguntándome; ¿y si falla?; ¿y si mi cuerpo lo rechaza?; ¿y si me permito volver a confiar y todo se rompe otra vez? 

El cardiólogo me dijo al despedirse. — Es normal tener miedo. No pasa nada. 

Quise creerle. Y en el fondo, sé que tiene razón. Pero el miedo no entiende de explicaciones. Habita, silencioso, ese rincón donde las noches se hacen largas y las preguntas no encuentran respuesta.

Supongo que aprender a vivir también es esto, caminar con miedo, sin dejar que el miedo sea quien marque el paso. 

No sé cuánto tardaré en volver a sentirme completamente segura. 

Solo sé que hoy, aunque me tiemblen las certezas, sigo aquí. 

Y quizá, por ahora, eso sea suficiente.

Quizás, el algún momento, vuelvan las tardes de café, los tés compartidos y las películas en el mullido sofá. No porque el miedo haya desaparecido, sino porque la vida, poco a poco, habrá vuelto a abrirse camino.