Me desenrede de su abrazo, bajé de la cama y caminé pensativa hacía la ducha. Al salir me vestí, me acerqué y le di un beso; y antes de llegar a la puerta me giré y le pregunté: - ¿Por qué yo?.
Él seguía perezoso entre las sábanas, me miró con la ternura reflejada en sus ojos y me contestó; - Siento atracción por las personas inteligentes y divertidas; y que logran hacer brotar mi lado perverso, ¿ por qué tú?, ¡porque me gustas!.
Sonreí...
Crucé la calle y entré en la cafetería, pedí un café negro y me quedé observando con desgano los panecillos tan azucarados. Llegó detrás y se abrazó a mi cuerpo, - ¡Que sean dos!, acurruqué mi cabeza en su hombro...
- ¿Por qué has tardado tanto?.