Música cortesía de María
Llegado el día, me puse un bonito vestido negro que jugaba un poco con las texturas y los cortes, no fue lo primero que encontré -como suele decirse- lo busqué específicamente para la ocasión.
— "Solo una cita y partimos de ahí, Maia", me lo dijo y parecía honesto, quizás por eso no sentía el peso de un compromiso o una promesa más allá de esa noche.
Llegamos al cine, había algunas personas en fila para escoger sus lugares, nos acercamos a cafetería; yo me quedé seleccionado las bebidas, café frío para ambos. Él se dirigió a taquilla, me quedé observando cómo se alejaba, indecisa mientras pensaba ¿fue buena idea salir con él?, es mi amigo y no quiero verlo de otra forma... ¿no quiero o no puedo?, ahí me quedé.
Pedí las bebidas y fui a su lado, al llegar, él seguía escogiendo los lugares, su atención, concentración o distracción estaba a su derecha con la chica que tenía al lado; -y cualquier hombre lo haría, ella traía un escote monumental-, luego volvía a ver la pantalla para tratar de disimular — Maia, querida, discúlpame, hace años que no vengo al cine. -su nerviosismo era evidente-.
Todo el tiempo entre el café y la selección de lugares me sentí observada, tenía esa sensación de escalofrío en la parte central de la espalda, como una espera larga de un dedo que está a punto de recorrerla y la espera se vuelve eterna. Mi cita ya lo había notado y despertó a su macho interno, -me di cuenta porque asentó el brazo en mis hombros y la mano cerca de mi cuello, como quien delimita sus terrenos-, la sensación seguía y no quise evitarlo por más tiempo, me di la vuelta, detrás estaba un hombre -la única descripción que se me ocurre de él- bello en todos sus ángulos, era un imán con forma de hombre, atractivo y con mucha personalidad; y tanto, que las piernas me temblaban y el pulso estaba enloquecido ante su mirada.
Quise parecer normal pero el temblor de mi cuerpo no cesaba y no pasó inadvertido a mi cita, había colocado su brazo alrededor de mi cintura — ¿Nos vamos, cariño? -asentí y nos dirigimos a la sala-.
Mi cita había colapsado, él mirando a la chica de escote pronunciado y yo descubriendo en otro un deseo ingobernable.
Iniciada la película, en un destello de luz pude darme cuenta que ese hombre esculpido por los dioses se había colocado a mi lado izquierdo; y dentro de esa semioscuridad su mano envolvió la mía...