Nadie la llama por su nombre, ese nombre esfuerzo de su madre por definirla, extraído de alguna revista, radio o dramanovela del momento, ese nombre, romántico, vulgar y cotidiano.
Que la lanzó a la vida con los ojos cerrados; y el corazón marchito; por aparentar en el pasado; y ante todos, con una sonrisa fingida, la emoción por un mensaje recibido, o la ira que nubla sus sentidos.
Porque resulta hermoso ser políticamente correcto, por eso esconden detrás de su interior, la fealdad de los deseos reprimidos, convirtiéndose en rebaño, incapaces de cortar de raíz con la hipocresía.
Pero si quieres verla más allá de las expectativas de una sociedad reprimida, asómate al balcón oscuro de su tiempo, donde existe en la libertad de los encajes; y las curvas del enigma, con un nombre diferente, que degusta el paladar y se escurre como seda entre la comisura de los labios.
Soy
Maia