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miércoles, 17 de abril de 2024

Siguiendo la línea

Viendo una miniserie coreana -Con tacto especial- de 16 capitulos -sí, muchos capitulos- en el episodio 6, minuto 34:40 aproximadamente, la protagonista y su amiga -ambas de nombre impronunciable- al enterarse que hay en la ciudad un ladrón de ropa interior femenina se asustan y corren a una tienda de lencería a comprar unos hermosos tanguitas de encaje en colores brillantes, ¿Por qué hacen eso?, es simple, ellas aluden que si el ladrón llegara a  robar sus prendas íntimas, morirían de vergüenza si viera los andrajos que visten. ¿Episodio de telenovela?, diría que no.

Sucedió hace un mundo, estaba en mis -casi- veintes. Paulina, una amiga estudiante había tenido un accidente en motocicleta llevando la peor parte su tobillo derecho prácticamente desprendido, tuvieron que reajustarlo con unos torniquetes -clavos, cincel, martillo o lo que  hiciera falta- para volverlo a unir, los cuales llevaría por el resto de su vida.

Al contarnos su experiencia, Paulina no mencionó los detalles del accidente, tampoco el dolor sentido o las múltiples operaciones a las que fue sometida, solo se enfocó y enfatizó en la ropa interior que portaba en ese momento — Les di batalla porque no quería que me vieran así; y morí de vergüenza cuando rompieron mis jeans y se dieron cuenta que traía unos calzones de abuelita; y desde ese día prometí que siempre estaría preparada.

Laura, otra amiga que estaba en su proceso de fertilidad, cuando acudía a sus citas médicas iba maravillosa desde dentro y hacía afuera, aunque regresase derrotada su lencería bonita no faltaba. Me alegró saber que años después tuvo un pequeño que complementó su familia.

Había estado todo el día en la clínica, me movía lento y el trabajo se estaba acumulando, al final me di por vencida cuando el dolor se volvió -casi- insoportable y hubo necesidad de reagendar a un par de chicas.

Regresé a casa de noche, JM me recibió cálido y acolchado, sabía que en algún momento acudiría a urgencias pero me resistía a hacerlo, aún así me preparé para el momento, ducha, lencería bonita y cómoda... ¿cómoda?, en aquellos años ¿cuántas veces eliminé esa palabra de mi vocabulario?, incontables, para ser exacta -Mujer bonita va incómoda- decía mi madre. 

Stiletto aunque estés cansada, vestido o falda, no importa si tienes frío, cinto para definir la cintura -y sobre la piel un cordel ajustado para marcarla- body control para mantener todo en su lugar, medias o pantimedias sin importar la temperatura; y siempre depilada, aromatizada, peinado con secador, tenazas, rulos eléctricos o lo que hiciese falta; y estilizado con spray en ciertas áreas, maquillada, sin olvidar el carmín en los labios, si mi madre me viera...

Fue un cálculo renal el que me mantuvo retenida un largo fin de semana; y poco más. Ah, por cierto, así como yo, la lencería bonita y cómoda pasó los días guardada en un cajón del hospital -sin ser tocada-.