Todo cambia cuando hay una ruptura, al inicio los amigos mutuos al saludarte sonríen condescendientes, te muestran su apoyo, te ofrecen su hombro y todo se vuelve abrumador, dudas si detener ese desfile de buenas voluntades para no herir susceptibilidades, te armas de paciencia y esperas que todo vuelva a la normalidad.
Pero llega una siguiente etapa; y esos mismos amigos ahora te saludan de forma más íntima, el abrazo se vuelve largo e invasivo, es más de lo que eres capaz de tolerar. La mano amplia se posa en el centro de tu espalda, con suavidad y firmeza te empuja hacia su cuerpo, como si con esta acción tratara de impregnarte con su aroma, su voz cambia volviéndose más ronca, su mirada se intensifica; y de la nada... -¡Salgamos, Maia!, dame la oportunidad que me conozcas-.
Empezo a cuestionarme qué entendemos por amistad...