Mi madre decía que siendo mujer, mi naturaleza es de abnegación y sacrificio. Anteponer al hombre, a los hijos, a la familia propia y la política, a las amistades; y a quien lo necesite, en el momento que lo necesite; y después, si hay lugar, colocar mis sueños y necesidades la última de la fila. También me dijo que tenía que asimilar que nunca habría lugar.
Constantemente, la primera reacción que se sucede en mis pensamientos es un intento de mi subconsciente de dirigirme hacía aquellos tiempos dentro de mi niñez; y actuar conforme a la educación recibida. Luego de eso recuerdo los años recorridos y la forma en que fui moldeando mi carácter, intentando siempre un paso más allá de lo que considero una educación errada.
Estando en pareja, inconscientemente fui modificando mi forma de ser y de pensar; ya no era solo yo, se empezaba a crear un nosotros que, con el tiempo se fue fortaleciendo; y sin darme cuenta me fui colocando al final de la fila, justo como mi madre decía...
Ahora estoy aquí, en el lobby del hotel, espero a Jason (el buen samaritano) que ha ido por el coche; y mientras, observo la oscuridad en el horizonte; y escucho la fuerza de las olas. Y Manolo acaba de llegar... quiere que hablemos y ha hecho una reserva en un restaurante vegano.
¡Quizás después...!.