Me alejo de la ciudad mientras el sol se esconde. Y cuando lo hago, observo por el retrovisor el bullicio de las calles y los pocos espacios que quedan en silencio. Me detengo en la última tienda al borde de la carretera. El sol casi desaparece y poco a poco el camino se va cubriendo de sombras, son como un animal armónico que todo lo envuelve; y dentro de esa oscuridad que va surgiendo se hace audible lo invisible, como esos besos ocultos detrás del mostrador mientras la mujer del tendero ajena a lo que pasa limpia una de las mesas. Me siento y mientras bebo una taza de té reviso el móvil y leo un mensaje ¿equivocado?.
El Extraño
(Sonrío para mis adentros. Y pienso, ¿qué sucede con Manolo?, ¿en verdad cree que por cambiar su número del móvil no lo reconoceré?).
Hola El Extraño, para eso tendrías que venir tú y prepararme la bañera...