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viernes, 10 de mayo de 2024

Después del recuerdo

Conforme escribo, trato de recordar el nombre de aquella tía que vi en mi niñez en contadas ocasiones, era la mayor de las hermanas del lado de mi madre. 

Cuando la conocí ya tenía en su haber ocho divorcios; y en aquellos tiempos -retorcidos- yo creería que el divorcio era una ardua tarea que consumía tiempo y recursos -eso decía mi madre- pero ella sabía el camino que le facilitaba las cosas,  tenía buenas amistades; y por supuesto, una exquisita belleza; y una clara distorsión de los límites. 

El recuerdo de su aspecto es como una postal desvanecida. La tía era de tez morena, ojos grandes, mirada oscura y confortable, una mujer voluptuosa, cintura reducida, de largas piernas y con una lacia cabellera negro brillante.

Su último marido era tan encantador como mujeriego; y al vivir en un pueblo chico todos sus devaneos eran conocidos. Una tarde, estando de visita en casa de la tía, -su casa, al estar en un punto central, era camino obligado para ir a cualquier dirección-

A lo largo de la tarde empezaron a transitar distintas personas, ella mencionaba, "Con esta mujer se enredó mi marido en tal fecha y lugar", "Con esta otra sucedió parecido", "A esta la vi en pleno acto"; y así transcurrió la tarde entre mujeres avergonzadas que pasaban con la mirada en el piso, mi madre por supuesto enfadada por la -soez- conversación de la tía. 

— ¿Por qué sigues con él? -mencionó mi madre-
— Porque activa mi imaginación
— ¿Cómo lo hace?
— A veces le cambio el azúcar por sal, al agua de frutas le pongo picante, al papel sanitario le recorro la placenta del chile, le hilvano el tiro del pantalón y cuando se sienta se rompe, le pongo el despertador a mitad de la noche, clavitos de olor en las sandalias; y muchas cosas más
— ¿Eso te provoca placer?
— No tienes idea de cuánto
— ¿Qué hay después?
— ¡El divorcio!

La tía tenía tres hijos, dos mujeres, la mayor era hermosa y la siguiente nada agraciada, un hombrecito igual de encantador y mujeriego que el padre. La conocí en su último matrimonio, años después supe que terminó igual que los otros, el tiempo de vida que siguió decidió hacerlo sola, llena de viajes, hombres y diversión... La tía Lina vivió hasta los 97 años.

— Estoy pensando en el divorcio 
— Sarai, prácticamente te acabas de casar, no has cumplido un año
— Lo sé, Marce, pero lleva cuatro años sin trabajar; y me engaña con cuanta falda se cruza en su camino
— Cariño, pero eso ya lo sabías
— Pero no me afectaba, Maia
— ¿Qué ha cambiado, Sarai?
— Que estoy cansada, ¡Ay, Maia!, también estoy embarazada; y cuando he dicho que quería interrumpir el embarazo se lo ha dicho a todos, todos me han señalado, ahora soy la mala del cuento y él, una pobre víctima de esta comehombres desalmada
— No sé mucho de situaciones legales pero creo no puedes divorciarte estando embarazada, amiga
— Sí; ya me enteré; y también tuve que aguantarme el sermón del domingo del padrecito que delante de todos los feligreses ha dicho que me consumiré en las llamas del infierno por siquiera pensarlo; y ha enfurecido más porque le respondí que bueno, si ya por pensarlo estaba mi lugar asegurado, pues qué importaba si lo llevaba a cabo; y con una mirada que echaba fuego me ha echado de la iglesia
— ¿Tú qué quieres hacer, Sarai?
— Tenerlo
— ¡Vaya!, ¿te felicito?
— Pues ya qué... La abogada también me dijo que si insisto en lo del divorcio, mi marido puede exigir pensión
— Obvio, con eso que está -sobrecalificado- y no lo contratan -según él- pues no trabaja, por supuesto que te toca su manutención, aparte del total de gastos de tus dos hijos, tres con el que viene
— Pero no es justo, mis hijos qué, ¿pero él?
— Bueno, tienes siete u ocho meses para hacer que las cosas funcionen a tu favor, o aceptar tu matrimonio
— Ya empecé, le dije que mi embarazo es de alto riesgo y tengo que dejar de trabajar; y traspasar la clínica, que se tiene que hacer cargo del total de los gastos
— ¿Y qué ha dicho?
— Que quizás sea buena opción interrumpir el embarazo
— ¡Vaya!
— Necesito que trabaje este añito; y cuando presente la solicitud de divorcio pueda quitármelo de encima
— Lo que necesitas es pensar bien las cosas antes de embarcarte, no dejes todo al corazón, que un poquito de razonamiento ayudaría, amiga
— Lo sé,  Maia, es que me encantan los hombres 
— Pues dátelos, pero no te enganches 
— Ya, ya sé,  Marce, pero no pienso
— Pues hazlo... -Sarai se encogió de hombros-

En una ocasión tuvimos que rescatar a Sarai de detrás de los puños de su primer marido.  La segunda vez la rescatamos de un intento de secuestro del segundo marido. Esta tercera ocasión,  no sé qué sucederá está vez... A veces pienso que Sarai es un poco masoquista.

¿Tan necesitados estamos de afecto que hacemos lo que sea por una caricia?...