Recuerdo que había conocido a un hombre en línea, nos entendíamos tan bien que mantuvimos contacto por varios meses, los suficientes para que un día fluyera dar un paso más. Yo quería pero seguía indecisa de introducir a un extraño a la intimidad de mi hogar, así fuera sólo por cámara, así que acepté como principio usar solo el audio. La primera vez que escuché su voz, recuerdo que brotó mi comentario sin ningún interés en detenerlo -Que adorable y varonil voz tienes, Félix -.
Los días siguientes me dieron la confianza de hacer videollamada. En varias ocasiones que hablé con él, Manolo rondaba por ahí sin acercarse, respetando mi espacio, en esa primera vez de la videollamada, Manolo salió al jardín; yo seguía indecisa y como excusa puse que estaba en pijama, un rato después acepté.
Al permitir la cámara, lo primero que vieron mis ojos fue un hombre muy masculino, como esos vaqueros del viejo oeste, ojos pequeños, nariz alargada, labios delgados, mandíbula cuadrada, al descender por su cuerpo pude notar lo grueso de su cuello, su espalda amplia reduciendo por su torso, imaginé una cintura estrecha, vientre plano, glúteos generosos y piernas largas y gruesas, en esos momentos que daba forma mental al resto de su cuerpo había vuelto la vista a su rostro, él sonreía y yo le regresaba la sonrisa, -¿Quieres ver más?, ¡me gusta exhibirme!-, no dije nada, echó la silla atrás, se levantó y pude ver que mi percepción era correcta, era un hombre agraciado.
Me gusta
¿Quieres preguntar algo?
No
¿Quieres que te cuente algo?
Lo que desees
Lo haré pero antes dime, ¿Ese es tu pijama?
Asentí al tiempo que voltee a verme el pijama de dos piezas, pans y top blancos en tela camisera, -muy básico-, luego volví la vista hacía él, vestía un babydoll negro de encaje y transparencias en forma corazón y con un poco de vuelo, una tanguita que milagrosamente escondía su sexo y detrás se introducía en la división de su hemisferio norte y sur.
¡Soy Félix!; y presiento que nos llevamos muy bien...