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miércoles, 6 de septiembre de 2023

De noche y hasta el amanecer

Tres horas de reposo 
Fresa / Pepino / Limón / Puñadito de menta / Agua 

Había organizado mi noche; ducha, un vaso con leche fría, puñadito de medicamentos y a cama... y llega Sara.
— ¡Amiga!, ¿Charla nocturna?
— ¿Pasa algo?
— Ay, amiga; y vaya que pasa, no tenías planes, ¿no?
— Ducha y cama
— Puff, qué aburrido, ve y duchate y mientras hago una playlista 

Eso me hizo entender que la noche se venía larga. Traté de relajarme con el agua, después seleccioné un pijama cómodo, fui y me acerqué al sofá. Sara ya me esperaba sentada en la mesita de centro (sus manías de no usar el sofá si es rojo), vestía uno de mis pijamas, palmeó el asiento invitándome a sentarme. Al acercarme vi que en parte del sofá había una charola con quesos, una botella de Merlot y dos copas, de fondo se escuchaba 🎵🎼🎵.

— Sara... no puedo, estoy medic
— Apura, que tengo algo que contarte
— ¿Qué sucede?
— Sergio me invitó a cenar al lugar ese que me gusta tanto, el de pasta casera (asentí). Sara se empezó a poner nerviosa, me di cuenta porque al llenar las copas vi un ligero temblor en las manos — Sara, no puedo beber... — Pues lo hago yo, que lo necesito. Te decía que me invitó a cenar, ni siquiera dejó que terminara mi pasta carbonara y ya lo vi arrodillado, con un estuche rojo entre sus manos (qué manía con el rojo) un solitario destellando y Sergio pidiéndome que formalicemos.
— Espera, ¿Qué?, Sara, pero si ya viven juntos hará como cinco años, quizás más.
— Diez años, Maia
— ¿Y cómo llamas a eso?
— Exploración, estábamos probando
— ¿Y por qué estás aquí y no con él, deberían estar celebrando, no?
— Lo dejé ahí y salí lo más rápido que pude
— ¡No puede ser!, ¿Dejaste a Sergio arrodillado en el restaurante?
— ¿Hice mal?
— ¡Sara, tienes cuarenta!, no eres una niña
— No estoy segura de romper la agenda y olvidarme del ganado, amiga, me gusta estar con él, el sexo es increíble, despertar y no saber cuánto tiempo ha pasado mirándome dormir, llevarle el desayuno a la cama, que lleve la ropa de ambos a la tintorería, que me prepare la cena, llegar a su oficina con la comida, que se haga cargo de los asuntos de mi coche, comprar su ropa, vestirlo para que combine, Maia, me gusta todo de él, con él, me gusta como estamos, sin exigirnos nada y disfrutando nuestro propio espacio 
— ¿Qué te aportan los otros?
— No caer en la rutina, me lo paso bien, me divierten; y me ayuda a no volverme una novia celosa y controladora. Además, sé que él hace lo mismo, lo veo llegar, fresco, limpio, su cabello seco, se acerca y me besa y yo meto los dedos entre sus caballos, continúa húmedo por debajo; y yo agradezco su cuidado, su pulcritud, el detalle de tener varias prendas iguales para volver conmigo sin la suciedad que cogió por ahí. Maia, es el hombre a mi medida.
— ¿Y qué haces aquí?
— Buscando consejo de mi amiga
— Sara, no te serviría; yo incluía a Manolo en todo, nada hacía oculto, tampoco sola. Lo que hagas, solo avísale que estás aquí para que quede tranquilo ¿Está bien?, (asintió). La música 🎵🎼🎵 seguía.

A la mañana siguiente; y antes de marcharse preparó un delicioso desayuno vegano (lo cual le agradecí) y esta jarra de riquísima agua fresca, sin azúcar (que también le agradecí), e hicimos sobremesa, Sergio seguía durmiendo.