En mis fines de semana resumo lo acontecido de los días previos. Desde los más tranquilos a los más turbulentos.
Sentada en el jardín, con el primer té de la mañana, puedo analizar en ese momento de pausa y mirando al horizonte -ese amplio terreno inundado de nogales y despoblado de gente- lo acontecido.
Me doy cuenta de las cosas que necesitan mejorar; y lo que puedo hacer diferente para lograr un optimo resultado; y esto desencadene en días de menor tensión y mayores satisfacciones.
Por ahora, es tiempo de disfrutar ese instante de unión con la tierra y el universo, con la infinitud, mientras bebo mi té y escucho con el corazón.