Llevábamos discutiendo casi una hora; y en ese tiempo no lográbamos ponernos de acuerdo. Marcos (el marido de Marcela) recorría la cocina de un extremo a otro (no es muy grande, unos 6x6, llegaba pronto), y mientras lo hacía, se llevaba las manos a la cabeza y con los dedos echaba sus cabellos para atrás.
Se veía agitado / Se veía cansado, pero no daba un paso atrás (y yo tampoco). En momentos volteaba con Marce y mientras la miraba con ojitos de piedad le decía, - ¡Ayúdame!- Marce se reía, levantaba los hombros e ignoraba su súplica.
- A ver, Marcos, explícame (según tú) esta discusión
Marcos volteó, entrecerró los ojos, como tratando de leerme
- ¡Ah, no, no, no, definitivamente no!, (lo dijo estrujando sus cabellos ahora con más fuerza), me estás poniendo una trampa, no lo haré, hazlo tú y yo estaré de acuerdo.
- ¡Como debe ser! (dijo desde el otro extremo Marce)
A estas alturas no sé cuál fue el motivo del debate pero, ¿acaso importa?.