Pasaban las veintidós horas cuando escuché un coche estacionarse, seguido de unos pasos escurridizos; y unos dóciles toquecillos en la ventana, omití el inconveniente y volví a centrar mi atención en la pantalla.
La insistencia se acompañó por una intensa e imparable vibración del móvil. Al darme cuenta de quién me estaba llamando me levanté presurosa.
— Amiga, ¿Qué sucede?
— Ay, amiga, discutimos con Marcos
Me quedé callada, obviamente iban a discutir, es su pretexto de cada fin de semana para irse a divertir... y tan válido.
— Anda, pasa, bebamos algo para que te relajes.
Pasó y en la estancia se quedó paralizada, al verla con su expresión de sorpresa la tomé de los hombros y la hice caminar a mi lado.
—Pero, pero, pero, ¡Amiga!, ¿Estás viendo porno?.
— ¡Estoy viendo porno!, tengo una cita, bueno, no propiamente una cita
— ¿Y por qué no esperas a que llegue y lo ven juntos?
— ¡Amiga!, solo entro en calor, ¿Por qué se piensa que las mujeres no vemos porno a solas?
Intentó partir, no quería arruinar la no-cita, pero, amiga es amiga; y más cuando está en problemas. La invité a pasar la noche, estaba a punto de cancelar mi compromiso y me convenció de no hacerlo.
— Está bien, si no te importan algunos sonidos nocturnos
— No, para nada, música para mis oídos
— Puedes participar -si quieres-
Media hora después llegó Manolo.