Hace unas noches, veníamos de regreso de 'nomeacuerdo', manejaba, Marcos, mi compañero de escapada, en algún momento del camino miré hacia el cielo; y en una actitud escandalosa y sin precaución puse mi mano en el torso de, Marcos al tiempo que decía emocionada — ¡Espera, espera!, Marcos, sin entender qué sucedía; y con una calma infinita detuvo el auto — ¿Maia, estás bien?, ¿qué pasa?, —¿Has visto lo preciosa que está la luna?, espera que tomaré una fotografía .
Desde dentro del auto posicioné el móvil y disparé intentando capturar la belleza que estaba admirando. Mi fotografía no llegó siquiera a la definición de mediocre
— Maia, ¿es así como tomas fotografías?, ¡no lo puedo creer!, tienes la mejor cámara, ¿cómo es posible que hayas tomado eso?
— ¡Oh, vaya!; yo quería lo que estoy viendo, ¿puedes arreglarlo, Marcos?
Marcos cogió el móvil, configuró 'noséqué' y tomó un par de fotografías bellísimas
— Ahora entiendo por qué no colocas fotografías en tu blog -me quedé observándolo un tanto sorprendida; y antes que pudiera reaccionar se apresuró a decir- Marcela me lo contó, a veces te leo; y otras veces también
No dije más, me acomodé en el asiento, parecía serena pero mi cabeza trabajaba a marchas forzadas tratando de recordar cada momento de Marcos en mi blog, luego de un rato me relajé
— Si mal no recuerdo te ha ido bien en el blog,
— Por supuesto, Maia, no esperaba menos de ti
— Y mira que no he contado la noche del barecito retro y las no-chicas
— ¿Y dejarás que lo olvide?
— Bueno, quizás...
Si pienso en un buen amigo... pienso en él.
