La creencia de mi madre era "cásate joven, -15 años cuando mucho- ten hijos y así crecerán juntos". Para eso tengo a mis hermanos, que los hijos necesitan que crezcas con ellos, pero de otra forma. No hay otra forma de crecer, me decía y yo solo pensaba, ¿Cómo una niña puede educar a otra niña?.
Me tocó aprenderlo... A la mala.
Tenía 13 años cuando mi madre llegó con un varoncito, lo puso en mis brazos y me dijo: "Por ser la menor te toca atenderlo, que yo seguiré trabajando". En aquellos tiempos no había móvil, ni internet, tampoco teléfono fijo -estaban a unos días de conectarlo- lo único aprendido era en la escuela o por voz.
Recién salida del hospital mi madre volvió a su trabajo. Ahí me quedé, sin saber qué hacer con un bebé que no dejaba de llorar.
A veces, mi madre se acercaba a casa y desde afuera de la puerta o ventana me daba indicaciones "cambia su pañal" fue una de ellas. La primera vez que lo hice quedé horrorizada, no era algo que hubiese visto o supiera de su existencia. Un alarido inexplicable brotó no sé desde qué parte de mi desconocida existencia; y fue tan lastimero, que mis padres llegaron en un tiempo récord que me pareció eterno; yo tenía las manos cubriendo mis mejillas, los dedos simulando barrotes en mis ojos; y un total descontrol mental por no entender lo que estaba sucediendo.
Mi padre, en un acto reflejo cubrió al bebé en sus partes, mi madre dijo, "es tu prueba de castidad" quedé horrorizada, era una prueba cruel de algo que se pudo evitar. Hubo una breve explicación olvidada; y el día continuó mientras sentía cierto rechazo hacia el sexo opuesto -o sus partes-
Unas horas más tarde le tenía que cambiar el pañal -de nuevo- cuando intenté hacerlo noté que esas pequeñas cosas tenían vida propia, se movían lentamente, subiendo o bajando uno o ambos lados, era aterrador ser espectador de tan infame acto. Lo cubrí como había hecho mi padre horas antes, lo envolví y fui a entregárselo a mi madre "Esta poseído" con el corazón palpitante balbucee apenas audible.
El tiempo se encargó de hacerme olvidar mi rechazo.