Caminaba como lo hacen los hombres, con un aire de soltura y relajación. Me quedé observándolo mientras se acercaba, su mirada parecía atraerme a su aura, todo en él proyectaba seguridad, misterio, hermetismo, era una explosión de masculinidad a quien tenía delante.
Le hice un movimiento con la mano invitándolo a sentarse, antes de hacerlo se inclinó hacía mí, extendió su mano, firme, templada; y sonrió. Su voz modulada y varonil emitió un saludo equilibrado, respondí intentando parecer serena, solté su mano y nuevamente lo invité a sentarse
— ¡Permítame! -me escuché decir
— ¡Adelante!, tómese el tiempo que necesite
Me concentré en sus papeles, su nombre, sus posibles problemas de salud, nada, a ese hombre no le dolía nada, láser de diodo en ingles, pubis, la base del pene, el periné y la línea interglútea, su sexo... ¡por dios!, me sentí turbada. Él seguía mirándome expectante.
Lo observé detenidamente tratando de encontrar la mejor forma de encarar la situación, era un hombre alto, de cuerpo trabajado, pulcro, con un aroma riquísimo y con una coquetería tan natural y delicada, casi imperceptible, todo en él era exquisito. Me hizo recordar cuando, en alguna ocasión similar le comenté a mi madre que los hombres eran ingenuamente seductores; y ella respondió, "Maia, así los captas porque han tenido toda la vida para perfeccionarse en el arte de la seducción".
Me sentía nerviosa, en la actualidad, donde cada día es un cambio y hay demasiada información para procesar, para adaptarse, situaciones así me sacan de balance
— ¿Sucede algo? -me hizo salir de mis pensamientos-
— Diría que sí, no quiero que se ofenda o se moleste pero tengo que hacerle una pregunta
— ¡Adelante!, ¿es algo grave?
— ¡No!, solo es importante
— La escucho
— Dígame algo, usted, en su naturaleza ¿nació mujer?
— ¡Jajajajaja!
— Lo siento, tenía que preguntar
— No se preocupe, ¡no, nací hombre; y sigo siéndolo!, pero ¿por qué de la pregunta?
— En su papelería pusieron que es del sexo femenino, no sabía si este día había amanecido sintiéndose hombre
— ¡Jajajajaja!, no, no, sigo siendo el mismo; y sintiéndome igual... y chapadito a la antigua
— Cabina tres, por favor, en un momento estoy con usted
Y es quizás que, con la multitud de géneros y sentires y orientaciones sexuales (37), la confusión es de los mayores embrollos que se han sucedido..
Café, té y barra libre para esta noche fría
¡Acompáñame!