De pequeña, en el seno familiar existió una tradición arraigada, podrían cambiar u olvidarse otras, la tradición de las siete cazuelas no.
Mi hogar era diferente al resto, mientras en otros lados las madres se quedan en casa a cuidar de sus hijos, mi madre trabajaba jornadas largas e intermitentes en el negocio familiar 24/7, "ayudaba" que fuera propio, así podía organizarse, preparar comida y lo necesario para el buen funcionamiento del hogar.
Aún así, se daba el tiempo para la Cuaresma, porque la cocina mexicana no son solo recetas, son historias que se entretejen de madres a hijas; y mi madre pensaba que eran las tradiciones que había que conservar.
En aquellos tiempos no entendía por qué nos esforzábamos tanto en preparar tanta comida, al ir creciendo entendí que las siete cazuelas no eran solo comida, representaban, -según mi madre-, los siete pecados capitales, las siete visitas a templos, las siete caídas de, Jesús; y algo más importante, que siempre hay comida suficiente para compartir.
Era el único momento que nos sentabamos todos juntos como familia, familia extendida y agregados; y era obligación comer todos los platillos en orden, si saltabas algunos no llegarías a la capirotada y las torrejas, así era la tradición.
Sopa de lentejas / Nopalitos en salsa roja /
Tortitas de camarón, Pipian y papitas cambray / Chiles rellenos de queso o atún / Filete de pescado empanizado y Arroz blanco / Capirotada / Torrejas con miel de maple artesanal o melaza. Acompañando agua de sangre de Cristo o lágrimas de virgen.
Extraño aquellos tiempos de prepación, cocinar junto a mi madre y hermanas en sus ollas de barro, sonriente, bromista, sacarse ese velo de sobriedad autoimpuesto y disfrutar esos momentos alrededor del fogón era una delicia.
Hola Maia.
ResponderBorrarYo recuerdo, allá en el pueblo, hace muchos años, que el jueves santo hacíamos los amigos las visitas a los siete templos. Y, entre visita y visita, entrábamos en siete bares para tomarnos siete vinos y siete aperitivos. Ni te cuento cómo acabábamos :) Pero los aperitivos eran mucho menos apetecibles que el contenido de cualquiera de las cazuelas de tu madre. Sólo de verlas me ha entrado un hambre irresistible. A ver cómo lo soluciono :)
Un abrazo.
Diego, en la enseñanza que recibí, jamás hubo mención a visitar bares, creo que tu tradición fue más relajada que la mía =)
BorrarMe gustan las tradiciones que son para disfrutar, para compartir comida. Y son amenas.
ResponderBorrarSiempre que haya un ambiente libre de discordia, sino es algo insoportable.
Interesante la simbología con el número 7.
No te pido un té porque lo estoy tomando.
Besos.
Será que te pido uno yo?
Borrarcomo soy el menor luego de cinco hermanas y llevándome cada una de ellas una gran cantidad de años no tengo ningún recuerdo de haber visto alguna vez a mi madre preparando algo de comida en la cocina sino a alguna de mis hermanas que se turnaban para cocinar.
ResponderBorrarla única tradición culinaria en semana santa sólo era comer pescado; incluso ayer la segunda de mis hermanas preparó pollo habiendo pescado.
ya el sentido de las tradiciones y el recogimiento por semana santa se ha perdido con el pasar de los años. ha llegado a ser como una semana cualquiera donde la gente aprovecha el feriado largo de fin de semana para viajar como unas pequeñas vacaciones. "semana tranca" le decimos.
me ha gustado saber cómo la pasabas con vuestra madre y hermanas.
Quizás es por lo acelerado del día a día, un pequeño puente para divertirse y recargar pilas.
BorrarComo hombre no imagino tu vida entre mujeres, aquí fue igual, tres mujeres y un hombre, el mayor, muchos años después y cuando el mayor se había mudado llegó el pequeño.
Fue una bonita época , Draco.
Que lindo texto e adorei essa tradição!
ResponderBorrarFeliz Páscoa! beijos, chica
Gracias, Chica
BorrarBuena semana santa
Qué hermoso viaje, Maia.
ResponderBorrarMientras te leía, sentí ese calor antiguo de las cocinas donde el tiempo se detenía y la familia encontraba un modo de reunirse sin necesidad de grandes discursos, sólo con el aroma de lo que se preparaba con cariño. Las siete cazuelas no son sólo un menú: son un rito, un hilo que une generaciones y que guarda, en cada preparación, un gesto de amor silencioso.
Me ha conmovido cómo describes a tu madre, ese equilibrio entre la responsabilidad y la ternura, entre la sobriedad y la risa que asomaba cuando el fogón estaba encendido. Hay tradiciones que no se explican, se viven… y tú las has traído aquí con una profundidad que se agradece.
Gracias por compartir este recuerdo tan lleno de vida.
Un fuerte abrazo.
Desarrollas tu mirada con tanta ternura, que enterneces el corazón, amigo.
BorrarUn cálido abrazo.
Calor de hogar, como deben ser estas fechas. Yo me saltó hasta las torrejas con miel, será pecado hacerlo? ;) Desconocía la canción, bien mexicana en su estilo, me gusta la metáfora del alfarero.
ResponderBorrarBesos dulces, Maia y dulce fin de semana.
Bueno, te tocó conmigo y yo soy más laxa con las tradiciones, con mi madre no había oportunidad.
BorrarUn abrazo, Duice
No me extraña que los extrañes... debió ser algo muy hermoso.
ResponderBorrarBesos.
Lo fue, Toro
BorrarBeso
Leída con interés la historia de las 7 cazuelas, y todo lo que representaba, reconozco que no recuerdo, puede que porque no hubiese, tradición alguna... Más allá de lo natural en el día a día.
ResponderBorrarPero entiendo tus recuerdos entre familia de aquellos años.
Abrazos, Maia. Buen finde!
Cuánta comida...
ResponderBorrarCon solo leer esa lista ya quedé ahíto.
Saludos,
J.
Las costumbres, las comidas que reunían a toda una familia, más allá de padres e hijos, se van evaporando. Pero en los que las tuvimos quedan grabadas, en la memoria sensorial.
ResponderBorrarImposible no identificarse con tus letras, con esas tradiciones que son las que hacen familia... por desgracia mi familia nunca fue una familia feliz, rara vez esas comidas acababan bien, demasiados rencores, demasiado dolor... pero me ha gustado lo que has compartido, gracias.
ResponderBorrarEste relato tiene la calidez de lo cotidiano. Es muy bella la idea de repasar lo tradicional que une lo cotidiano con lo espiritual, esas cazuelas son más que comida, es memoria, es confianza, es unión familiar.
ResponderBorrarEn la transferencia de una generación a otra, cuando se trata de comida, no hay una simple cuestión familiar, hay valores, creencias, identidad, pertenencia.
Un gusto haberte leído.
Saludos.