sábado, 20 de junio de 2026

Monólogo del vestido rojo



Era momento de estrenar ese vestido rojo de tirantes, con resorte en la parte alta y tan largo que me llegaba a los tobillos. 

¿Incómoda? 

Diría que no, aunque sí me sentía un poco extraña, primero por el color tan vivo, después, por llevar los hombros descubiertos; y para rematar, por el largo del vestido. 

¿Por qué lo compré? 

Ni siquiera fue una compra impulsiva en línea. Fui a la tienda, lo escogí, decidí no probármelo y me lo llevé a casa. 

Ahí permaneció, colgado y paciente, durante nueve largos meses. 

Pero hoy me sentía distinta, de esa forma extraña en la que una sabe que algo tiene que cambiar, aunque sea algo pequeño. 

Y lo hice, me vestí de rojo y salí rumbo a la clínica. 

Al llegar, León estaba en recepción. 

— ¿Cómo estás? ¿Necesitas algo? 
— Todo bien, León, gracias. 

Minutos después se acercó a mi oficina. 

— Maia, te traje café y unas pastisetas. 
— Hmm, gracias, León. 

Más tarde, Contador hizo lo mismo. 
Al rato, la chica de seguridad llamó a mi puerta. 

— ¿Puedo ayudarle? 
— Yo solo... pues, es que... 
— ¿Qué pasa? 
— Le traje unas gomitas. 

Y me entregó una pequeña bolsa de gomitas con chile.  

Luego pasó la chica de recepción y nos quedamos platicando de nada y de todo a la vez. 

Al final del día entendí algo, el vestido rojo no me había hecho más amable, más simpática ni más interesante. 

Pero, por alguna razón, había convertido mi oficina en una estación de servicio comunitario de café, galletas, gomitas y visitas inesperadas. 

Mañana volveré a usar ropa normal, aunque, si desaparecen el café, las pastisetas y las gomitas, tendré que aceptar una verdad incómoda.

El mérito nunca fue mío... Era del vestido.









10 comentarios:

  1. rs....A aparência pode tudo fazer mudar,rs Gostei de te ler,Maia! beijos, chivca

    ResponderBorrar
  2. Eras como un farolillo que todo lo atrae, aunque a mí me seducen los hombros descubiertos. Tengo una duda, es un vestido escotado?.

    Besos dulces, MI chica de rojo.

    ResponderBorrar
  3. Maia, este monólogo del vestido rojo es una pequeña revelación: lo que empieza como un gesto íntimo —atreverte con un color vivo, con los hombros al aire, con algo que llevaba nueve meses esperando— termina convirtiéndose en un imán inesperado. No eres tú quien cambia, sino la manera en que los demás se acercan: café, pastisetas, gomitas, charlas improvisadas. Al final descubres que el vestido no te hizo distinta, pero sí abrió una corriente de afecto cotidiano que te rodeó todo el día. Un texto ligero, divertido y lleno de esa calidez tuya tan reconocible.
    Un fuerte abrazo, Maia.

    ResponderBorrar
  4. existe un dicho: "conforme te ven, te tratan".

    ResponderBorrar
  5. Buena reflexión en tu texto... nuestra ropa es como el plumaje de las aves cuando están en celo, a veces, pero no solo en ese sentido si no también en autoridad, en presencia., en aquello que queremos transmitir.. Detalles que nos hacen ser de un modo u otro.

    ResponderBorrar
  6. Bueno, ya sabes. A mi me gusta la fotografía y quiero pensar que algún merito tendré yo de las fotos que la cámara hace... el vestido siempre necesita una percha... En fin, no le des más vuelta y aprovecha tu momento ;)

    ResponderBorrar
  7. Anónimo21/6/26

    Qué bonito texto.

    ResponderBorrar
  8. El vestido fue la guinda.

    :)

    ResponderBorrar
  9. Excelente relato, amiga Maia.
    Creativo, entretenido y, con ese toque práctico que convirtió tu estancia en poco menos que un pequeño y acogedor supermercado... :)))))
    Abrazos.

    ResponderBorrar
  10. Dijeron "Vistete para el trabajo que quieres no para el que tienes", fui vestido de Batman y me echaron... ¿Quién los entiende?

    Saludos,
    J.

    ResponderBorrar

Susúrrame al oído, que mi corazón te escucha.