— Me trataron mal en la joyería, me trataron mal en el restaurante, me trataron mal en el Dreams de Cancún; y en otros -muchos- lados, mencionó, Sarai
— Me ha pasado, algunas veces en mi larga muy larga vida de treinta y cinco años, también me trataron mal, dijo, Cinthia
— No recuerdo que me hayan tratado mal, pero no sé, lo que sí, es que dejada no soy, pero no recuerdo, comentó, Sarita
— Que no se les ocurra tratarme mal, pero alguna vez en mi adolescencia, quizás, habló, Marce
— No, nunca, o sea, fuera de, Innombrable, que me hizo ver mi suerte, jamás en restaurantes, hoteles o cualquier lugar, al contrario, siempre he recibido un muy buen trato, donde me pare me saludan, donde me siente se acercan, me sonríen, me cuentan de sus vidas, todo, no, las personas son amables, no sé por qué pero no he tenido una mala experiencia
— Maia, eso es porque eres blanca, no, rubia, tú lo tienes fácil, aunque se diga que no, México es racista, clasista, es evidente que no recibirás mal trato, al contrario, las puertas se te abren, la ayuda se te brinda aún sin pedirla, nos quedamos con el legado de los barbados; y seguirá
— Seguiré pensando que la gente es amable
Armé el maletín con lo mínimo necesario, productos de higiene, sandalias, ropa de cama, solo un cambio y uno de calle oversize, dos botellas de agua de 1,5 litros cada una y poco más; y estuve puntual a las 5:40 am en la puerta, estaba oscuro y la fila para entrar era lenta, había manejado horas esquivando el tráfico loco de tráilers, camiones y automovilistas imprudentes para llegar hasta ahí; seguía acelerada, aún no terminaba de bajar mi ritmo.
Llegó mi turno, estaba preparada para abrir el maletín, el bolso; y mostrar lo que guardaba en los bolsos de mi holgada ropa. La mujer policía me preguntó qué llevaba en el maletín.
— Productos de higiene, un cambio, agua, poco más, ¿quiere que lo abra?
— No, pase con mi compañero
Me acerqué al policía y esperé alguna indicación
— ¿Viene a cirugía?, asentí sin deseo de dar una explicación, pase, le deseo que todo salga bien y en unos días verla salir caminando por esta misma puerta
— Gracias
Pasos más adelante me detuve tratando de revisar por última vez la papelería, no quería tener que devolverme al auto por un olvido, observé que detrás venía un grupo de unas cuatro mujeres que detuvieron a revisión, les pidieron abrir sus maletines y sacar lo que pudieran traer guardado en su ropa, ellas se enfadaron y empezaron a quejarse e insultar, algunos gritos escuché, los policías, la mujer policial se puso dura y les hizo sacar todo y tirar comida, dulces, café, ellas se quejaron de, por qué a mí no me revisaron y a ellas sí, me alejé centrada en lo mío.
— Solo tengo habitación compartida
— Sin problema
— Habitación 317, en un momento viene el camillero por ti
— Puedo caminar
— Sí, pero no debes, me encogí de hombros
Ya instalada, mi compañera de habitación con cuatro semanas ahí, sus hijas -las mismas de la puerta-.
— Te vi en la puerta, ¿por qué a ti no te revisaron?
— Por qué no traía nada prohibido
— Pero ellos no lo sabían
— Ustedes se delataron solitas, lenguaje corporal, amiga
— Ah, bueno, es posible, ¿puedes ayudarnos con eso?
— ¡Seguro!
Luego la enfermera...
— Maia, necesitamos un medicamento que no ha llegado desde hace un mes, es costoso pero necesario
— ¿Para cuándo?
— Para ya, es administrarlo cada doce horas, es de prescripción
— ¿Y la receta puede ser de aquí?
— No, si no hay en existencia el sistema no deja
— Ahora veo de conseguirlo
Se acercó una de las hijas de mi compañera de habitación, llevaba en sus manos una caja con cinco ámpulas
— Usa ésta, tengo cuatro cajas más, pero no retrases tu tratamiento
Horas después había conseguido tres cajas, le repuse la suya y aquí seguimos
Y sigo pensando que no importa el color de piel o lo que tienes, las personas responden cuando les muestras respeto.
Prometo café, té; y lo demás para otro momento, hoy estoy convaleciente.
Que la recuperación te trate lo mejor posible, y pronto. Salud y adelante.
ResponderBorrarIntranquila, así me ha dejado tu relato. Por si acaso fuera que fuese tan cierto como parece te deseo lo mejor.
ResponderBorrarMejorate mi cielo.
ResponderBorrarQuien cree en Dios nunca está solo... Espero que te recuperes pronto y bien. Un abrazo
ResponderBorrarQué manera tan tuya, Maia, de convertir un “tiradito de todo” en un relato que se lee de un tirón, entre sonrisas, sobresaltos y esa lucidez que nunca pierde ternura. Pasas de las conversaciones ligeras a la crudeza del hospital con una naturalidad que desarma, y aun así mantienes esa mirada que encuentra humanidad incluso en los momentos más tensos. Tu texto confirma algo que dices al final: cuando uno ofrece respeto, la vida suele responder.
ResponderBorrarUn fuerte abrazo.
Respeto ante todo, primero con uno mismo y luego con los demás, si no, todo se tuerce en algún momento de la vida. Y si actúas bien, los demás deberían retribuir y tratarte bien. Que también te trate bien la salud.
ResponderBorrarBesos dulces, Maia.
mejorate cosa guapa que quiero seguir leyendote
ResponderBorrarismael
siendo un jovencito me acerqué, según yo, correctamente vestido a la escuela naval a recabar informes para la postulación. el marino de la puerta me dejó pasar sin decirme nada y así llegué a la recepción y hablé con la encargada de estos temas. en esas estaba de lo más tranquilo cuando un oficial sin dirigirse directamente a mí espetó fuertemente desde su escritorio:
ResponderBorrar-¡¿quién ha dejado pasar a ese señor?! -y luego de pararse rápidamente de su asiento, ráudo se fue a la puerta de entrada.
dándome rápidamente todos los documentos para la postulación me dijo que me fuera antes que vuelva el capitán de navío porque él había ido a castigar al marino de la puerta por dejarme entrar sin llevar traje y corbata. cosas de marinos.
méxico es tres veces más racista y clasista que el perú debido a que su población es casi el triple. el perú es además muy conservador en sus costumbres y también muy religioso.
para entrar a una discoteca también eran muy selectivos: evaluaban a las personas según la calidad de su ropa y por el color de la piel; aunque esto ya no lo pueden hacer porque aparte de correr el riesgo de que les cierren el negocio tendrían que pagar una fuerte multa.
en el perú no se dice ámpula, sino ampolleta. esto llamó mi atención.
espero de todo corazón que el tratamiento vaya bien y que te mejores. la salud es lo primero.
Me dejas confuso.
ResponderBorrarNo sé si estoy más tonto de lo normal o no sé...
Si es cierto espero que todo vaya bien y que no sea nada importante.
Besos.
Cuídate Maia. Sola o en compañía pero ¡cuídate!
ResponderBorrarYa lo demás para otro momento!
Abrazos.
¿Siguen los cuidados? :)))))
BorrarEscuchando esta extraordinaria canción: https://www.youtube.com/watch?v=V6HPCvrh0WI&t=252s
¿Cómo estás ahora con tu salud?
ResponderBorrarEsta vez no puedo opinar mucho porque no tengo información certera.
Besos.