domingo, 26 de julio de 2026

Una nueva forma de latir

 


Tengo miedo. 

Lo digo en voz baja, casi como un susurro, como si nombrarlo pudiera hacerlo más grande. Me siento mejor, sí. Respiro mejor, sí. Mi cuerpo empieza a responder, sí. Pero el corazón no solo guarda latidos, también conserva recuerdos. 

A veces me descubro preguntándome; ¿y si falla?; ¿y si mi cuerpo lo rechaza?; ¿y si me permito volver a confiar y todo se rompe otra vez? 

El cardiólogo me dijo al despedirse. — Es normal tener miedo. No pasa nada. 

Quise creerle. Y en el fondo, sé que tiene razón. Pero el miedo no entiende de explicaciones. Habita, silencioso, ese rincón donde las noches se hacen largas y las preguntas no encuentran respuesta.

Supongo que aprender a vivir también es esto, caminar con miedo, sin dejar que el miedo sea quien marque el paso. 

No sé cuánto tardaré en volver a sentirme completamente segura. 

Solo sé que hoy, aunque me tiemblen las certezas, sigo aquí. 

Y quizá, por ahora, eso sea suficiente.

Quizás, el algún momento, vuelvan las tardes de café, los tés compartidos y las películas en el mullido sofá. No porque el miedo haya desaparecido, sino porque la vida, poco a poco, habrá vuelto a abrirse camino.





domingo, 12 de julio de 2026

Sucedieron cosas


Recordé aquel pajarillo que llegó a casa herido, huyendo de un gato negro. Encontró refugio en el jardín y pasó una temporada recuperándose, mientras Sarai y yo lo vigilábamos de lejos, procurando no asustarlo, luego ella se convirtió en su veterinaria.

Cuando estuvo listo, se marchó. Sin embargo, una pequeña marca en una de sus alas lo volvió inconfundible.

Desde entonces regresa todos los días. Si encuentra a otro de su especie en el jardín, lo ahuyenta con una determinación que, en ocasiones, llega a ser violenta. 

Más de una vez he tenido que intervenir para evitar que lastime a algún intruso. Al parecer, el jardín también se convirtió en su hogar y ahora lo defiende como tal.

Esta mañana ocurrió algo parecido. Otro pajarillo de la misma especie entró por la puerta principal y terminó refugiándose en la cochera.

Entre Gurrimino, Max, el pequeño guardián alado y su inesperado visitante. Llegaron con miradas desconfiadas, se instalaron; y terminaron ocupando un lugar en mi corazón.

Sí, definitivamente, la familia sigue creciendo.








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